domingo, 12 de agosto de 2018

LAVADO DE CEREBRO



Vienen a la memoria aquellos tiempos en que había que colocarse bajo la
manta para escuchar lo que estaba pasando en España.
Los medios de comunicación escondían la verdad al pueblo. Todo se sabía por la espalda, sin más. Y el pueblo esn la inopia realmente. Ya tenía suficiente con poder comer cada día, lo que para muchas personas era una auténtica aventura.
Se maldecía al gran jefe por sus actitudes dictatoriales y se maldecía a los perros que se alimentaban del Gran Perro a costa del pueblo. Se nos decía que Oriente era el paraiso, un paraiso lleno de fango en realidad, en el que teóricamente existe libertad de expresión, pero que es una libertad que dirige hacia el rebaño. Todo aquel que disiente puede ser asesinado, sin más, limpiamente, pero asesinado. Se le llora con lágrimas de cocodrilo gigante y se va anulando la libertad de elección.
En nombre del respeto, el poder no respeta, los perros de la oposición lamen los huesos de la gran cena. Todo el mundo satisfecho. Aplaudiendo la idea de un nacionalismo trasnochado, pero siempre a la defensiva, como la raposa.
País, cultura que viene por la espalda y proclama la virtud del grupo. Las desgracias naturales y no tan naturales se han cebado en el país. Alrededor de 20 mil muertos y desastres por todos lados.
Admirable presentación del llanto. Todos somos responsables, por eso debemos.... pagar desastres.
Ni en el terremoto de 1926, si después de la guerra se subieron los impuestos especialmente. ¿Por qué ahora sí hay que hacerlo? Metiendo a todos en el mismo saco, todos se sienten responsables de un país que en realidad no parece que sea el suyo.
Toda la información va dirigida hacia eso. Nadie levanta la voz para decir al Gran jefe que está equivocado. Lo importante es conservar el propio cuello, cuando con ello lo que se consigue es ponerlo más en peligro.
Un país que gracias a la protección USA ha subido como la espuma y que parece creer que todo seguirá igual.
Al ver las universidades en que se estudia economía se comprende por qué todo va cuesta abajo. Ojos vidriosos, como pescado muerto ya desde hace tiempo. Acciones que se repiten por mimetismo y no por voluntad. Un título es un papel que queda perfectamente colgado en la parte interior de la puerta de un servicio, porque más valor que eso no tiene. Y todo el mundo agradecido. La opinión personal brilla por su ausencia. Todo el mundo lamiendo las sobras que les dejan.
Hace treinta años no se vendía casi lotería. Actualmente son cientos de millones. La única explicación al fenómeno es que ya no se cree en la fuerza del país. Se ha pasado de un creer en sí mismos a un terminar creyendo en la fortuna. Pero tampoco se dice a quién ha tocado ¿Por? La envidia, la posibilidad de ser asaltado, el desear para sí lo que el otro tiene...
Son algunas de las características de este pueblo tan cerebro lavado. Y todos tan felices.

jueves, 2 de agosto de 2018

LA SOMBRA


Desde hacía varias semanas estaba ocurriendo algo extraño. En principio podía ser casualidad, pero vistos los resultados, tal vez esa casualidad no era tal.
Cuando miraba la hora, no era extraño que el reloj estuviera en 44 minutos: 16:44;14:44. Según se viera no tenía nada de particular, pero en el centro de la cultura en que vívía se leía SHI, igual que la palabra muerte, por lo que la palabra en caso del número se desviaba a otra lectura Yon , una Y al estilo del IO italiano.
Por San Valentín empezó a precipitarse la vida. Tenía la experiencia de aquella alumna pastelera que, si bien no fue en San Valentin, le traía unos ricos chocolates, una de las costumbres japonesas es regalar chocolate en estas fechas, que no le habían salido bien.
Un día en su clase telefónica diaria la sintió muy cansada, cansadísima. Se despidieron con un hasta mañana que nunca más se produjo. A la mañana siguiente le llamaron por teléfono, había aparecido en el periódico. En la casa el colchón no había ardido con llamas, pero el humo la había asfixiado. Ya no habría más chocolates fracasados, pero ricos, ricos, ricos.... Siempre que llegaba San Valentín una sonrisa agridulce le subía a los labios, se acordaba de aquella mujer, menudita, dicharachera, buena pastelera.
El siguiente caso ocurrió el mismo día de San Valentín. Otra alumna había asistido a clase. Ese día estaba dicharachera, de un dicharachero subido. Hablando de maquillaje, de la madre, que tres años antes había perdido al marido. Al parecer si la pareja del fallecido fallecía a los tres años de la muerte podrían encontrarse en el cielo. Las creencias son las creencias. Ese día la encontraba rara, no sólo por lo que hablaba,sino porque estaba como especialmente tensa.
Terminó la clase, él bajó la escalera y al subirla de nuevo ella estaba pegada la cabeza a la pared del pasillo con los ojos en el techo. Parecía pensar algo. Se despidieron y al cabo de un par de horas alguien llamó a la oficina. La secretaria no estaba en ese momento. Cogió el teléfono. Era ella gritando. Su madre se había suicidado. ¿Qué hacer? Le aconsejó llamar a una ambulancia, al hermano etc. Al cabo del tiempo supo que la noche anterior al hecho la madre había intentado hacerlo sin conseguirlo. El rostro perdido durante y después de la clase parecía responder a esa realidad.
El día 14 no había podido conectar bien con la tercera persona. Le llegaban sus mensajes, respondía, pero él entendía que a ella no le llegaban. Tal vez el mal tiempo, tal vez la condición de la máquina... Ella, finalmente, no se lo había explicado. Era pura especulación.
A las 16:13, es decir a las 4:13 entró un mensaje. La madre se había ido tranquilamente. Se quedó en blanco, recordaba que le respondió intentando darle ánimos, quizás cosa imposible al poco del deceso. Algún que otro mensaje pidiendo ayuda para no desfallecer. Fue ya a la hora de acostarse cuando sintió una sombra interior empujándole a escribir.
¿Era la señora fallecida? Ni idea, no había visto ninguna foto. No tenía referencias gráficas. No, era sólo una sombra. “¡Escribe!”, parecía decir. Con el peso, si no del dolor, al menos de la tristeza, colocó su libreta sobre la almohada y comenzó a escribir, la historia de un reencuentro.
Sentía que no era él quien escribía, la señora le iba dictando y frase por frase iba viendo claramente la situación. Como aquel 3 de junio en que tuvo que hablar del olivo y su padre le iba dictando lo que decir. Había fallecido el día anterior y el haciendo sonreir a la gente con el tema de la charla.
Habrá personas que lo crean y personas que no. Son muchas las creencias y muchos los pensamientos. El esposo, ya fallecido hacía tiempo, había venido a recogerla y llevársela más allá de las estrellas. En ires y decires se enfilaron hacia lo alto. Había conciencia del dolor que dejaría en la tierra, pero también la realidad de un alma liberada de la cárcel del cuerpo. No iba a criticar a nadie si alguien consideraba esaidea una estupidez.
El miercoles, tres días después del deceso, a las siete de la mañana se despertó. Sentía desde la parte izquierda de la cabeza hacia los hombros, y dirigiéndose hacia la punta de los dedos de la mano, de las dos manos, un tremendo hormigueo como cuando los pies se quedan lo que se llama dormidos. Y en el estómago un vacío total. ¿Hambre? ¿Flato? No sabía. Intentó tranquilizarse respirando profundamente. Al mismo tiempo sintió miedo. El miedo del recuerdo de aquel día de abril de hacía ya años en el que en un tren le ocurrió algo parecio. Le tuvieron que llevar al hospital, afortunadamente sólo había sido un coagulo de sangre que se detuvo un instante en la vena del cerebro. Un poco más y no la cuenta. Lo terrible hubiera sido quedarse paralizado. Ese era el miedo. Plena conciencia y el cuerpo que no se mueve.
Desde hacía varios días se sentía raro físicamente. Al querer caminar el cuerpo se le iba hacia la izquierda. Era como si no pudiera controlar los movimientos. Tal vez la edad, ta vez la tensión alta, tal vez la máquina del cuerpo que empezaba a herrumbrarse.
Mareos, estómago vacío tal vez, una sensación extraña, pero ya un tanto mejor...., abrió el ordenador y en facebook vio que una sobrina se lamentaba del fallecimiento de un tío. No, no moriría mientras hubiera alguien para recordarlo.
El año anterior había fallecido el abuelo, este, por fechas cercanas a San Valentín, el tío..... ¿Por qué la sombra de la Parca o de San Valentín rondaba por la vida? San Valentín falleció inmolado por los romanos aún no cristianos. ¿Estaría llamando a su seno a los seres enamorados? No lo sabía, sólo sabía que en esas fechas el chocolate estaba rico, pero al final dejaba un cierto sabor agridulce.

domingo, 22 de julio de 2018

AMOR EN LA NOCHE FRIA


Señora mía anoche vinisteis a mis aposentos a pasar la noche conmigo.
Llegásteis ligera de ropa y nos aprestamos a pasar una noche de reyes jugadores.... ufff.
¿Cómo se desarrolló la noche?, parece preguntar vuestro rostro.
Primero, sensualmente os despojásteis y me despojásteis de eso tan innecesario a veces llamado ropa..... Sensual como una gata os fuisteis quedando en piel morena para después pasar a desposeerme de aquello que tapa lo que el vulgo llama vergüenzas.
Quedamos cual bebés pero más creciditos, con todo el encanto de la vida queriendo entrar en acción.
Tras largo tiempo sin vernos las manos recorrieron los cuerpos, reconociéndose, la yema de los dedos, las uñas, las palmas iban tocándose lentamente mientas los labios, las lenguas, se entretenian en besos, chupetones,lametones enervantes. A veces una corriente eléctrica corría la columna vertebral. Terminado el reconocimiento táctil, pasamos al reconocimiento por los labios. Beso a beso, centímetro a centímetro, os recorrí todo el cuerpo, me recorrísteis todo el cuerpo, sin dejar rincón por muy púdico que fuera sin besar, sin lamer o relamer según los casos, Dependiendo del lugar, se elevaba un suspiro amoroso que se escapaba por la ventana llegando a los montes. Hasta los bosques andaban alegres por no decir cachondos... Terminado el besuqueo fueron los sexos los que entraron en acción, no con movimientos de entradas y salidas aún. Los sexos, como antes las manos y los labios se fueron friccionando por todo el cuerpo del otro, a veces en posturas harto dificultosas pero que el placer que recibían y otorgaban hacían agradables.
Terminadas estas tres fases entramos en la cuarta. Y el verbo entrar es el más adecuado. Yo en vos , vos en mi, con dedos, lengua, colocando vuestro agujerito en mi estaca. Todo lenta, muy lentamente para que el acto fuera lo más placentero posible. Y sin duda lo fue. Os elevábais,suspirábais, y de pronto de vuestro pecho surgía un rugido como de haber llegado a la cima de la montaña y os encontrarais ya liberada de la dificultad de la subida. Pero no sólo vos, yo también llegué a ese punto. Los dos al tiempo suspiramos, os volcáteis sobre mi pecho y jadeantes nos dispusimos a recuperar la respiración. Una vez tranquilos, las manos y las lenguas empezaron de nuevo con el jugueteo,y así hasta que caimos exhaustos pero con una alegría que no habíamos sentido en mucho tiempo. ¿Alegre? ¿Contento? No, el cuerpo se sale de si mismo de tanto placer.
He sido invitado por vos a pasar la noche juntos, ya llevo un buen rato, como presumo que necesitáis descansar no os apremio, pero mis manos os recorren en un intento de masajearos y que el cuerpo se relaje. Imprevistamente habeis llevado mi mano a la cueva del placer, al conejo, el chocho, chichi,coño o como lo llaméis. Entre sueños, para que no se resfríe habéis dicho. He obedecido y ahí estoy. No prometo que los deditos no se introduzcan dentro de vos, de todas formas será de manera suave........para que sigáis gozando y descansando a un tiempo. Así en esa tesitura, os beso suavemente y os deseo los mejores sueños en lo que queda de noche. Amor.

jueves, 12 de julio de 2018

LA POESIA DE MANUEL LUQUE TAPIA


Hará unos dos años que me llegó por correo un gran sobre desde la ciudad de Doña Mencía, provincia de Córdoba, en España. Venía con remite de mi viejo amigo y conocido Jose María Zafra. Jose María desarrolla su trabajo en Doña Mencía, aunque vive en la ciudad de Baena.
Jose María es, en palabras suyas, que hago mías sin reserva, un amigo desde la época del pantalón corto y del correr juntos tras el balón en la calle.
Entre los materiales que mandaba, yo le había pedido cosas para hablar sobre la aceituna y el aceite de oliva en Andalucía, venía un libro de poemas de Manuel Luque Tapia, para mí perfectamente desconocido poeta, que me recomendaba especialmente.
A fuer de sinceros, aunque sienta uno un cierto rubor vergonzante en las mejillas cuando lo recuerda, pensé: “Jose María, ¿qué me mandas? ¿un libro de un poeta de pueblo pagado de las ínfulas de la belleza campesina, de la bondad del campo?”. Más o menos fue esta frase la que recorrió mi mente.
Aunque no lo digo a modo de justificación, estar en Japón, donde hablar de flores, la naturaleza, la belleza del paisaje está a la orden del día en muchos quehaceres cotidianos, debió ejercer alguna influencia negativa para que tal pensamiento tomara cuerpo antes de la lectura del libro.
Pues bien, esa idea se vio vapuleada y hecha trizas desde el primer verso del proemio del libro “Angeles de la noche”: El mar es un oceánico camposanto/ un cementerio de cadáveres flotando.
Al terminar de leer el libro..... Manuel, me las diste todas juntas y me lo merezco.
Hacía tiempo que no leía un libro tan bello, profundo, hermosamente doloroso. Un libro que además de hermoso en su palabra no deje títere con cabeza en una sociedad que tiene mucho de hipócrita.
La inmigración, yo también, a pesar de todo soy un inmigrante, la prostitución, afortunadamente no he tenido que venderme a los “machos”, aunque en mi profesión haya tenido que callar y haya tenido que hacer lo que se me “sugiere”, sugerencias que son órdenes del que paga si quería seguir en el trabajo....
Sí, porque el tema de prostitución inmigrante está también en Japón a la orden del día. Prostitución nacional, vestida de libertad y prostitución procedente de Filipinas y el sudeste asiatico, de Hispanoamérica o de alto nivel procedente de Rusia, Europa, EEUU., prostitución de aquí y de allá para aplacar las furias de guerreros de alta producción de un país que se presenta como muy moralista cuando en sus entrañas tiene mucho de podrido.
Inmigrantes traidos a bajos precios, ellos y ellas, y explotados en la cama o en las fábricas con la obligación inalienable de pagar los impuestos, pero sin ningún derecho en la sociedad.
Afortunadamente hay un sector de la sociedad que se preocupa por salvar a estos naufragos del capitalismo salvaje o de los regímenes más o menos despóticos de sus paises, pero las esferas oficiales y la mayoría del pueblo..... No quiere enterarse. Todo esto, toda esta explotación está en el libro de Manuel, en uno de los niveles más bajos del ser humano en tanto en cuanto la explotación se realiza llevada por la necesidad de poder comer y la degradación se lleva a cabo finalmente acusando al explotado de ser la causa de ser explotado. Poderoso caballero es Don Dinero, que dijera Quevedo.
Forma libre, palabra precisa, que llega, golpea, que no perdona. Tendría que repetir todo el libro para decir lo que me ha gustado. Sólo recomiendo que el que lo encuentre entre sus manos.... lo lea.
AL-GARID

Al caer en mis manos el libro de Manuel Luque Tapia AL-GARID, quizás por aquello de la deformación profesional, la mente empezó a funcionar.
Arabe, suena a árabe, lo que no es extraño teniendo en cuenta que el autor nació y vive en una de las zonas más civilizadamente arabizadas en su tiempo de la Península Ibérica, la Subbética, en Doña Mencía.
El segundo paso, AL-GARID, suena a guarida, ¿guarida de ladrones? En una época por aquellos pagos Jose María y sus muchachos eran los dueños de la serranía.
No. Tampoco. No sé, no sé qué significa AL-GARID, pero aunque suene a guarida es una guarida muy especial.
Manuel nos dice que el aroma de la rosa no va más allá de su reino, que escribe con tinta de un cerebro cansino de escudriñar e indagar la parálisis de su cuerpo.... Si AL-GARID tiene algo que ver con la guarida , esa guarida es la del propio yo, la de su propia esencia.
Manuel se busca en su interior, en su tiempo, ya pasado, en la casa, en los recuerdos de una vida que no se sabe muy bien si ha sido o no ha sido.
Pienso. Vago dentro de mis adentros
y no me hallo.
No me hallo, la vida es un laberinto, y busco al hombre y a mí mismo, y no me hallo, y cuando encuentro algo, cuando parece que me he encontrado no sé si estoy vivo o muerto.
“Yo que estaba dormido
soñando en mi lecho de muerte....”
¿Estaba vivo, dormido, o el sueño era ya la muerte? Un poema lleva el título 38 AÑOS. Los 38 años, los 40 años es una edad ambivalente y escurridiza. Esa edad en la que se empieza a notar que a pesar de las apariencias, el cuerpo, como los coches, suelen tener sus primeras fallas, que la persona, a diferencia de las de 15-20 está prisionera en una red de responsabilidades de las que no puede salir tan fácilmente.
Una edad en la que una parte del yo dice: “Yo soy joven y fuerte”, y otra te dice: “¿Hermano, dónde dejaste lo mejor de tu vida?”
A partir de ahora estás cargado de la responsabilidad de ser aunque no quieras, frente a ti mismo, frente al mundo.... Una edad llena de interrogaciones , ¿las galerías del alma que presenta Manuel son una interrogación sobre su propia vida o sobre la vida? Quizás son las dos cosas al mismo tiempo, unas galerías a través de las que se busca el retorno al origen. Pero volver al origen es ya imposible , sólo queda la salida hacia adelante, una salida hacia adelante que sólo tiene un final, el cadáver..., el cadáver que quizás somos cada uno de nosotros al no saber, al no haber podido encontrar sentido a la vida.
Posiblemente sea esa guarida, ese algarid poético de Manuel el laberinto como respuesta a la pregunta que se suele hacer el hombre a cierta edad. Una pregunta sin respuesta pero que la vida misma irá despejando de las tinieblas del ser para desembocar en la luz o en una tiniebla aún más oscura y ya imperecedera.
EN DEFENSA DEL VERBO AMAR

Será al menos la tercera vez que leo este “En defensa del verbo amar”, otro libro de Manuel Luque.
No sé si leerlo en un día como hoy, 14 de febrero, tiene un valor especial. Realmente ha sido casualidad, si es que las casualidades existen. Y la pregunta que surge es: “¿Qué es el amor?”
Manuel recoge el amor en el libro con un lenguaje realmente penetrante. Un lenguaje en el que se mezcla la dulzura de los 20 años con el pragmatismo del adulto, lo ideal con la cotidianeidad. El amor es un “todos los días” sin cambios, pero contínuamente cambiante, en mis palabras como las olas que bañan la playa, siempre la misma agua, siempre distinta. No es otra cosa el maravilloso poema nº VI: Como todos los días: y es que es tan maravilloso estrenar amor/ que hemos decidido no concretar día ni hora.
Un amor que tiene mucho de “arcaico”, el amor no es contemporáneo. No se escriben cartas de amor, se escriben mensajes por el móvil que se borrarán cuando esté lleno, no quedando ni una letra de lo que dijimos. Ya no hay cartas de amor. El amor de Manuel es “antiguo”, pero de una antigüedad enraizada de tal forma que durará durante miles de años, cual olivar eterno.
La libertad del amor, ¿ o habría que decir del sexo? no parece haber aportado nada a los sentimientos. Los sentimientos ahora parecen de quita y pon. ¿Será que las personas se han convertido en animalitos que cambian cada cierto tiempo de pareja? Amor desenraizado esto que se ve, se siente, se palpa en estos tiempos, frente a ese amor raíz que propone Manuel. Y no me refiero a las “cadenas” sociales. Desencadenarse socialmente parece haber supuesto una erradicación del sentimiento profundo en nombre de no se sabe muy bien qué libertad.
Me quedo con el amor que propone Manuel aunque no sea contemporáneo, porque a mí también me gustan las raices de los olivos, amoroso árbol del campo andaluz.
RASHID

Negar que gracias a los medios de comunicación estamos unidos como por un cordón umbilical al mundo sería absurdo. Ciertamente, gracias a los medios de comunicación podemos ver, conocer infinidad de cosas, pero.... Es como aquel enfermo al que la medicina cura pero al mismo tiempo atonta dejándolo drogado, de droga, en el sentido primigenio de la palabra.
Rashid aparece en la televisión porque tiene hambre. Todos sabemos que existe el hambre en el mundo, pero con la panza llena a la hora del telediario, esa noticia es como si la estuviéramos contemplando en una película de ciencia ficción. Con la panza llena quedan tan lejos los problemas, menos para los verdaderos poetas, como Manuel.
Manuel ve a Rashid y posiblemente se ve a si mismo en una época en la que la escasez era lo imperante. Yo, lector, a miles de kilómetros del poema, recuerdo aquellos años en que la leche americana era la mala leche de cada día, porque todavía no había aquellas paellas ni grandes filetes ni gambas al ajillo que nos presentan los libros de recetas españolas para extranjeros.
El hombre, básicamente, desapareció de nuestra tierra, hasta tal punto que nos hemos olvidado de que existe en el mundo. Pero Rashid no olvida, porque el crisol de alacranes de su estómago se lo recuerda a cada momento. Rashid no olvida pero la sociedad en lugar de convertirse en comunitaria se convierte en privada para proteger la propiedad de la manzana o el tomate con el que arrambla Rashid, que hace relativamente poco era Pepe o Juan , o era ese mismo Policía Municipal que se lo lleva a la Comisaría para declarar. ¿Y qué hace esa sociedad para que el hambre desaparezca?
Había por ahí algún poema o canción en la que se decía que hay varios tipos de trabajo que si desaparecieran la sociedad sería feliz:
Los médicos: sería señal de que todo el mundo estaría sano.
Los jueces y abogados: sería señal que no existirían los problemas entre las personas.
La policía y guardias municipales: sería señal de que las personas habrían dejado de cometer fechorías.
Los militares y los políticos..... pero no, desgraciadamente eso queda todavía en el reino de la utopía, y mientras exista el hambre y niños como Rashid que tienen que sustraer algo para comer habrá poetas como Manuel que lo gritarán alto , bellemente, profundamente hasta hacer daño en el centro de la conciencia para que las adormideras de las noticias no nos dejen soñolientos.
PALABRAS DE MIS MANOS

El poeta declara una metafórica reclusión en el castillo de Harheim, en Austria....

Creo que con ésta es la tercera vez que leo este poemario. Leer tres veces el mismo poemario sólo puede significar una cosa: que te ha cogido, que te ha agarrado las tripas y no lo puedes soltar. Y hace falta soltar lo que se siente para que el mismo poemario trascienda el estado de obsesión para convertirse en carne de pluma, en palabra, en comunicación.
La primera vez que leí el libro fue en un tren abarrotado de gente, lugar bastante difícil para concentrarse. Pero aún y así los tentáculos del libro se fueron agarrando a las interioridades. Era como si un imán interior llamara al imán que posee este poemario.
No sé la causa directa que llevó a Manuel a escribir este libro, pero tampoco es necesario. Me hizo volver sobre mis propios pasos para ver que hay una época en mi propia vida en la que la pluma no escribe, en la que la palabra no fluye, en la que la vida se va reconcentrando en un pozo sin salida, en esos pozos de amargura de los que habla Lorca en la Casa de Bernarda Alba. Pozos que acaban convirtiéndose en odio.
Pero aunque la palabra poética quede muda, que la vida quede muda es otra cosa.
Llegué a estas tierras, Japón, en 1982. Ya venía escribiendo , y durante muchos años seguí escribiendo. Una escritura llena de tintes negros, una escritura llena de muerte y podredumbre, de hastío, de asco, de mucha mierda, y no me gusta hablar en estos términos, pero era así.
Durante un periodo de unos 10 años, entre 1990 y el 2000 la poesía escaseó. Me dí cuenta de ello cuando puse en orden los poemas en el ordenador, buena palabra. Durante esta época, el número de páginas es escaso. Crisis, dolor, angustia, tener que trabajar para comer, luchar en una sociedad que se regía por las formas, por el nombre de la universidad en la que se había estudiado, por una jerarquía de valores en la que tanto tienes tanto vales. ¿Quién dijo que los orientales se rigen por los valores del corazón? En la España, en la Europa de los años 60-70 nos engañaron como a chinos. Que si materialistas, que si esto, que si aquello....Pues no fue precisamente el corazón lo que yo vi en estas tierras. Llegaron los 90 y la burbuja económica se fue a tomar por los Cerros de Ubeda.... Desde entonces no baja de 30.000 el número de suicidios anuales, la mayoría de ellos producidos por razones económicas, por depresión, por no saber qué camino seguir, por haber perdido el puente de plata de la buena economía...
Se hablaba de buena educación, de buenas maneras, de corazón...., pero yo no veía nada de eso. Lo que la persona piensa de si y lo que realmente muestra no siempre coinciden.
¿Qué me salvó de no caer en la “desesperación” de la que hablan los clásicos, vulgar, suicidio? La palabra, la escritura. Seguir escribiendo para nadie, seguir escribiendo como catarsis, como purificación de ese pozo amargo que se llama vida me hizo superar el gran trago de aquellos años, hasta que llegó el año 2001 en el que la acumulación de distintas circunstancias llavaron a la palabra-vida a ser vida-palabra que fluye como un río de aguas límpias que nunca se seca. Creo que desde ese año hasta hoy he escrito mucho más que en los 20 años anteriores.
¿Fue un tiempo de introspección necesario para purificar las aguas interiores de la poesía? Tal vez, y tal vez por eso este poemario, Palabras de mis manos, me agarró desde el principio.
Este año, en un curso de la universidad he utilizado mis propios poemas como libro de texto. Varios chicos de 20 años, teniendo problemas afectivos, de relaciones personales, gracias al acicate de la poesía. gracias a escribir sus propios poemas superaron la situación en la que se encontraban....
Actualmente en Japón hay un problema de idioma, hay un problema de comunicación, de no saber transmitir lo que se quiere decir. La palabra se escapa de la pluma, la palabra no llega a los labios, cada vez más, ironías de la vida en uno de los paises que produce más medios para comunicarse, la persona sufre de depresión, de incomunicación....
Dos chicos me dijeron que no podían asistir a la clase por causa de la depresión , 20 años. Escribe, escribe, escribe y búscate a través de la palabra y terminarás curado...., fue mi consejo.
En el libro de Manuel la gramática, ausencia de puntuación, la desarticulación de la frase magníficamente conseguida, nos lleva a lo que es el significado en origen de “gramática”, forma del corazón. Si el corazón no está en orden, la palabra no fluye, la palabra es desorden, caos, desastre total del alma.
Manuel va curándose con la palabra y acaba recuperando el estado de serenidad necesario para vivir. La palabra vuelve a su sitio, el poeta vuelve a la estabilidad pero crecido en su interior, madurado, ha echado fuera los demonios innecesarios y se dispone a ir hacia ese horizonte que el sol señala a través de la palabra, palabra que, yo, desde este oriente del sol naciente le deseo próspera en frutos maduros y eternos.

Antonio Duque Lara

lunes, 2 de julio de 2018

LA OLLA CORREDORA


La semana se levantó dramática. Las primeras imágenes noticieras eran de una carrera de Maratón, muy lejos del lugar en donde vivía.
A la llegada de los primeros corredores, de cerca de 30 mil, hubo dos explosiones seguidas. Gritos histéricos por todas partes, desvanecimientos, heridas que no se muestran porque es políticamente incorrecto.
“¡Bombas!” En principio las palabras oficiales no fueron bombas. fueron explosiones. Exquisito uso del lenguaje para no levantar miedos indebidos, tal vez.
Pero aunque no había ninguna seguridad, ya se apuntaba hacia un acto terrorista.
Desde esta plataforma que es el buque Yamato habrá como doce horas de diferencia hasta el lugar de los hechos. “¡Dioses! ¡Las noticias vuelan!”.
Quizás el subsconciente generalizado apunta siempre a la ecuación explosión igual a terrorismo igual a islamismo radical.
No se puede estar al tanto de todo porque ya sería mucho terrorismo estomacal dejar el trabajo para conocer más.
En el buque Yamato también se nota un cierto nerviosismo. En esas aburridísimas, como en todo el mundo, reuniones del gobierno, para determinar, discutir cosas : El Gran Jefe dio órdenes de extremar la alerta. Y ciertamente se ha extremado.
Iba uno a dirigirse a su lugar de luchar por los garbanzos. Ya dentro de la estación, cuando iba a empezar a descender las escaleras para acceder al andén, un tipo, - se intenta no descargar la ira a través de las palabras-, se me acerca y en voz un poco ostentosa dijo algo así como que era policía de no sé dónde, y que le enseñara no sé qué porque últimamente últimamente indocumentada, creí escuchar más que escuché.
Seguramente me vería cara de pipiolo. La zona por la que uno habita es un distrito especial educativo para chicos y chicas a los que por los siglos de los siglos se les ha llamado “imbéciles”, como se podría llamar rúbio, negro, gordo o flaco. La indiscriminación no tiene nada en absoluto que ver con la realidad que se ve. A veces la indiscriminación está escondida en las ocuras curvas del corazón y no en las palabras. Son niños que acuden a las escuelas de la zona porque desgraciadamente no pueden estar con los otros niños ya que lo que harían es tirar hacia atrás de ellos. El tipo, en definitiva, parecía uno de ellos.
No mostró nada, sólo verborrea, y además iba vestido cual trabajador de kiosko. Lo tenía todo menos facha de policía.
Mi boca no se había abierto, no había dicho ni fu ni fa. El hombre, ciertamente se disculpaba con un muelle flexible en la columna vertebral pidiendo perdón.
Muy contenido estaba yo pero, sin remedio, mirándolo a los ojos: “¿Quién eres tú?”, le espeté en su lengua. Se le notó un repingo y una frase, intento de expresar su sorpresa en voz baja: “¡Ah, habla japonés!” El hombrecito, obediente sacó su placa policial, salvo que fuera falsa. “¡Llevo 31 años en Japón!” “Oh, perdón, perdón”.
El hombre parecía perdido. Lo mismo era un verdadero pipiolo que acababa de graduarse en la Academia de Policía y tenía que responder al mal trato moral a que los someten las altas y putrefactas- Lorca, Dalí, Buñuel, dixit- autoridades policiales.
La policía anda nerviosa o tal vez se trata de una presión hacia el foráneo. Se entiende que la policía tiene un deber que cumplir, pero resulta muy desagradable que te vengan por la espalda y además sin identificarse. Sólo los jefe politelevisivos vienen de frente aunque con cara de tener algo malo en el estómago.
Seguro, seguro que el Maratón de Bostón (je) está influyendo en cosas un poco raras.
Le enseñé el documento identificativo y pidiendo perdón se fue por donde había venido.
En los 31 años que llevo en Japón, tres veces me han pedido el documento de identidad que deben llevar los foráneos.
En las tres ocasiones, un día o dos días antes se había producido un atentado terrorista llevado a cabo por grupos radicales islamistas. ¡Por todos los dioses habidos y por haber! ¡Será que mi rostro parece más de islámico (único punto común de esa cultura) que de la llamada Europa blanca! Todo podría ser.
En el momento de terminar de escribir esto uno de los sospechosos está criando margaritas y el otro está a punto de caramelo.
Kokubunji 20 de Abril de 2.013

viernes, 22 de junio de 2018

LA PARTIDA


A.- Niña, bonita, despierta que ya es la hora.
M.- ¿Eh? ¡Ah, con lo agusto que estaba en el sueño!
A.- Ya es la hora bonita.
M.- ¿La hora?
A.- Sí, la hora de irse hacia las estrellas.
M.- Pero, ¿quién eres tú?
A.- ¿Cómo? ¡Te olvidaste! Claro, hace tanto tiempo....
M.- Oh, mi Antoñito ¡Cuánto tiempo sin verte! Ven , ven aquí que te abrace, mi amor. ¡Pero si te resbalas entre mis brazos!
A.- ¡Claro! ¿No ves que soy un espíritu?
M.- ¿Eh? ¿Me estás diciendo que he fenecido?
A.- No, simplemente te has quedado en el sueño. Te voy a abrazar. ¿Ves? Tu también eres ya sólo un espíritu, o un alma, llámalo como quieras.
M.- Anda, pues si el cuerpo está aquí tendido y yo aquí sentada... ¡Qué ligerita! ¡Y puedo hablar contigo! ¿Qué es esto? Pero si me puedo levantar. ¿Y tú?
A.- Yo he venido a recogerte y a llevarte conmigo.
M.- ¿A dónde?
A.- Más allá de las estrellas
M.- Pues sí que has tardado, hijo.
A.- Es que está muy lejos, cariño.
M.- Sí, seguro, seguro que te has encontrado por ahí por alguna pajarraca.
A.- Calla, calla, calla, sagerá. El camino parriba está lleno de gente todos los días. Gente que se estrella, gente que se envenena, que se tira por un puente, que le pegan un tiro, que se los cargan en las guerras. Conforme se va subiendo, o bajando, hay que torcer, volver, según el sitio de destino. Está más conglomerado que las autopistas en salida de vacaciones....
M.- ¡Ay, siempre tan tontuelo!
A.-¿Eh?
M.- ¿No ves que era una broma?
A.- ¡Ah, bueno!
M.- De todas formas, te he esperado mucho.
A.- Pues ya estoy aquí, en esta fecha tan particular.
M.- Ay, mi niño, más dulce que la miel de San Valentín.
A.- Como Valentín y su amada que prefirieron dejar este mundo a separarse. A tu lao, por siempre.
M.- Uy, qué pesao te vas a poner.
A.- Mira que me voy y no te indico el camino.
M.- Ja,ja,ja, no cambias.
A.- Tú tampoco-, ambos rieron de buena gana.
¿Cómo te has llevado con los niños?
M.- Oye que ya no son tan niños.
A.- Cierto, es que sólo tengo la imagen de la infancia.
M.- Bien, bien , no me puedo quejar. Se han portado de maravilla. Siento dejarlos tristes.
A.- Bueno, de vez en cuando te asomas en los sueños y les cuentas un cuento o un chiste.
M.- Ja,ja,ja...., con lo patosa que soy.
A.- Mira quien habla, la flor de la maravilla del sur.
M.- Gracias, hermoso.
A.- De nada, resalá.
M.- Bien, ¿qué hay que hacer?
A.- Vamos a tomar el tren.
M.- ¿El tren?
A.- Sí, ahora tenemos también tren AVE para ir al cielo.
M.- Pues sí que se ha modernizado San Pedro.
A.- Es que el cielo cambia en la medida en que cambia la Tierra.
M.- Entonces debe ser terrible, porque esto va cada vez de mal en peor.
A.- No, no, no. Esa parte es la del Infierno, la parte buena es la del cielo. Ya allí vamos nosotros, a nuestra casita.
M.- ¿Cómo?
A.- Sí,una casita como la que acabamos de dejar.
M.- No entiendo.
A.- Tranquila, en cuanto lleguemos lo entenderás.
Subieron al tren. Pasaron noches y días,, constelaciones y estrellas y pasaron por un tunel que atravesaba una montaña. Al otro lado llegaron a una estación. Alrededor era todo montañas, igualito, igualito a los valles, los montes, las cuestas de donde habían vivido.
M.- ¿Pero esto...?
A.- Sí, es una reproducción fidelísima para que no se pierdan las almas. Con el tiempo la figura humana se va transformando en luz. Si se produjera ese cambio de pronto sería un problema. Así se va adaptando el alma a su nuevo ambiente.
M.- ¿Y se puede trabajar o hacer algo?
A.- Lo mismo que hacías entre los humanos.
M.- Enseñar...
A.- Claro, y recuperarás tu esencia ya convertida en luz. Angel de luz y esa luz se la mandarás a los que has dejado allí hasta que vaya penetrando en ellos y abandonen las sombras que les invadirán un tiempo.
M.- Oh, qué bien me siento. ¡Gracias, amor! ¡Gracias por este reencuentro!
A.- Gracias a tí, ya se me acabó la murria que me invadía. Continuaremos aquí lo que allí no pudimos completar.
M.- Siempre juntos.
A.- Por los siglos de los siglos....
En un pueblecito entre montañas, tres personas se asomaron al ventanal. Era de noche, la noche estaba estrellada habiendo dos estrellas que brillaban de manera especial.
Di.- Mamá, mira, qué brillantes están aquellas estrellas.
Me.- Oh, la abuela no está saludando. ¿Y la otra?
An.- El abuelo.
No rieron , pero si se sonrieron, Comprendían que se habían vuelto a encontrar en los Campos Elíseos.

martes, 12 de junio de 2018

LA FELICIDAD FLOTABA SOBRE EL LAGO


I
No hay Luna. Señora de la noche, se esconde en las profundidades del lago. Allí la espera su amado, amante, para contarle su amor, como el viento a los árboles, como la montaña a la nieve. Porque el amor se esconde allá donde menos se piensa. Pequeñito y juguetón, como polvillo del desierto, se cuela por los poros del alma y cuando menos se piensa hace estallar los corazones. Echa y echa raices por los recovecos en los que sólo él puede entrar, se asienta y, cuando se le quiere expulsar, ya es imposible hacerlo. Se le puede disfrazar de fantasma, de desdeñoso afán de presunción, pero, transfigurado y todo, asienta sus reales en el fondo del alma, en el fondo de la laguna, de esa laguna en la que una noche se escondió la Luna y no quiso salir.
En la calle hace frío, el corazón tirita, no se sabe si de dolor o de pasión incontrolada. La noche está oscura.

II
El pescador resbaló de su barca y se cayó al lago cuando intentaba recoger las redes, pesadas, cargadas con el preciado producto conseguido con su perseverancia y esfuerzo.
Cayó, cayó y cayó. Se iba sumergiendo. Llevaba los ojos abiertos y también podía respirar. Le parecía extraño, pero era cierto.
El lago estaba en el fondo de la caldera de un volcán. Viejo como la vida mísma, acumulaba toneladas y toneladas de agua dulce.
¿De dónde procedían los peces? Misterios de la vida. Los montes todavía echaban fumaradas de azufre. A veces el viento las movía y hacían el ambiente insoportable con su pestilencia. El olor a huevos podridos se extendía por todo el valle.
A su pesar, todo alrededor era una maravilla. La belleza que se
contemplaba desde el centro del lago a la hora de pescar era indescriptible.
El pescador caía y caía. Llegó al fondo y, sin saber cómo ni por qué,
se coló por un cráter que había quedado apagado desde que el mundo es mundo.
¡Por todos los dioses del Olimpo! ¿Qué era aquello? De pronto se encontró en el epicentro de un palacio de cristal, todo adornado de perlas, corales, oro, plata y cualquier otro material precioso que imaginarse pueda.
Había un trono. En el trono se sentaba una ¿mujer? ¿Era aquello una mujer o la Belleza misma con figura femenina?
Bella hasta el punto de que la mejor descripción era el silencio. Bella hasta el punto de sentir punzadas de dolor en los ojos, en la punta del corazón. La palabra era insuficiente para describir tanta belleza.
Y no era sólo la belleza que se ve. Corazón de cristal, todos sus sentimientos podían verse como si en la palma de la mano se tuvieran cogidos. Sus sentimientos eran aún más bellos que la belleza de su figura.
El pescador abrió la boca, abrió los ojos... Las palabras se quedaban paralizadas en los labios. No podía articular sonido, pero en su corazón empezó a sentir algo cálido, indescriptible, algo que no sabía cómo definir.
¿Sería lo que la gente llamaba normalmente amor? ¿O era sólo la sorpresa ante tanta beldad? El mundo alrededor no era tan bello, era de una vulgaridad sublime comparado con lo que tenía delante.
La mujer le pidió que se acercara. Lo hizo lentamente, como con miedo. ¿Tendría que arrodillarse ante la Princesa? Sospechó que sería la Princesa de un cuento de hadas.
- No, no te arrodilles. Los Príncipes bellos y hermosos como tú no deben arrodillarse. Aquí está tu trono. Te he estado esperando por los siglos de los siglos y por fín has llegado. Esta es tu casa, éste es tu palacio. Todo está para servirte y yo sólo para amarte. Ven, acércate.
La Princesa lo besó como sólo se besa el más preciado de los niños, al más preciado de los amores. Con toda la ternura de que es capaz un corazón enamorado.
El pescador abrió los ojos. Se había quedado dormido mientras pescaba. Su prometida le había llevado la comida de mediodía y, aunque feucho, normalito y no demasiado sobresaliente en su aspecto externo, le había parecido tan hermoso que no dudó en robarle el más delicioso de los besos.
Sus sonrisas se entrecruzaron. El sol en el firmamento iluminaba un azul profundo. La felicidad flotaba sobre la brisa del lago.


III
Enamorado del lago, una y otra vez se sumergió en sus sueños en busca de la Princesa. No podía creer que todo aquello fuera cierto. Nunca había conocido un mundo de belleza tan radical. El mundo del que partía, aunque tenía momentos hermosos, no lo era en su conjunto.
Las dudas eran grandes, tenía que elegir. Destruir todo lo que había ido construyendo poco a poco y lanzarse sin pensárselo dos veces a las profundidades del lago, o negarse la beldad transparente de la laguna y aferrarse a todo lo que había sido su verdad hasta ese momento.
Conocía muchas leyendas en las que el lago siempre encerraba tesoros, ciudades, bellas mujeres, ardientes y apasionadas, esperando al amado de sus sueños. Y en cuanto alguien se había lanzado en busca del tesoro escondido, se había encontrado sólo con agua. No había más que agua, vida en la mayoría de las ocasiones, muerte en no pocas de ambiciosa locura.
Para él, tanto su prometida como la dama del lago eran verdad, de una verdad diferente, de una verdad complementaria.
Si hubiera podido unir las virtudes de una y otra en un cóctel de amor, podría tener entre sus brazos lo que el mundo denomina mujer , sueño ideal.
Ambas, para él, eran necesarias, imprescindibles, una bifurcación de realidad material y de ensueño, tan difícil de encontrar en la vida diaria.
No podía elegir.
Un día subió a la montaña. Quedaban restos de volcán, grietas por las que la lava se derramaba en ocasiones, fertilizando los campos. En una de las rajas que presentaba la tierra cabía un hombre de su tamaño. No lo dudó.
Era lo mejor que podía hacer. Mejor morir así que elegir. El moriría para que ellas vivieran.
El fuego de su corazón se fundió con el del volcán. La felicidad flotaba sobre la brisa del lago, en las fumaradas de la montaña.
Su alma, mariposa negra de los atardeceres, revoloteaba feliz, de flor en flor.
( Con San Manuel, Bueno al fondo)
ANTONIO DUQUE LARA

sábado, 2 de junio de 2018

LA LLUVIA


La lluvia recorría su cuerpo. A pesar de todas las protecciones , el agua penetraba hasta los más ocultos rincones de sus formas.
Desde el cuello, un hilo de suave lluvia, o de sudor, era difícil saber la diferencia, iba hacia abajo, cruzaba la espalda y llegaba a los intersticios de los glúteos, para perderse en las profundidades del cuerpo. No era en absoluto una sensación desagradable.
Recibía la caricia del agua recorriendo su columna como si de unos dedos amados se trataran. Era la enervación que llegaba hacia el interior buscando otros centros.
Desde el rostro, de maquillaje inalterable, el agua sudorosa descendía por los pómulos y se concentraba a la altura de la garganta, mano seductora acariciando la respiración de la amada.
Las aletas de la nariz comenzaban a mostrar una aceleración en su actividad. El agua recorría, descendía por las laderas del pomoroso cuerpo, y por el valle entre montañas. La yema de los dedos acariciaba y se dejaba llevar.
Se le concentró un alto grado de placer. Agarró el paraguas como si estuviera agarrando una zanahoria apetitosa. Quería morderla, sacarle el zumo que tanto le gustaba y tanta vitalidad le daba.
Deleitándose en su sabor, el agua recorrió el pecho y llegó al ombligo. Placer de dioses y seguía corriendo cuesta abajo.
Terminó aproximándose al bosque que precedía las puertas del alma. Los interiores estaban húmedos, secrecciones de su más profundo ser invadían la oscuridad. El agua llegó hasta ellas. Una explosión de placer contrajo el rostro. Después cayó en un profundo sopor y se quedó dormida.

22-6-2012

martes, 22 de mayo de 2018

PANTEON


A.- ¡Doña M.? ¿Cómo está usted?
M.- Mira hijo, aquí, que he venido para verte.
A.- Muy amable de su parte.¿Hasta dónde ha ido?
M.- ¿Conoces las Cabrillas?
A.- Sí, he oido hablar de ellas, aunque yo en astronomía estoy como pez fuera del agua.
M.- No me extraña, aquí al final no se enseña lo que se debiera.
A.- ¿Y cómo le va por esos mundos?
M.- Uy, qué bien, muy bien. Estaba ya un poco muerma con eso de no poder hablar.
A.- Muchas mujeres, si no hablan se sienten mal.
M.- Y que lo digas. Y yo que era maestra. Aunque me cansaba, cuando cogía carrerilla, como decían mis parientes, no me paraba hasta llegar a la Luna.
A.- Vamos, una pilluela parlanchina. ¿Cómo se está por ahí arriba?
M.- Muy bien, se puede hablar,se puede vivir sin comer...
A.- ¿Ehhhhh? ¡Qué aburrido, no?
M.- No, no, hijo, no. ¿Tu sabes los conflictos que trae el papeo?
A.- Sí, desgraciadamente. Decía mi abuela que todas las guerras las traia la comida. Y creo que tenía buena parte de razón.
M.- Así es. Allí no existen esas cuestiones. Podemos ver a quien queramos y dejar de ver a quien no nos apetezca. Seguimos un tiempo con el mismo cuerpo, buena figura, cada cual en la época que le tocó vivir. Es de lo más divertido. ¿Y cómo se llamaba tu abuela?
A.- A.R.T
M.- Anda, mi madre, pero si vive al lado de mi casa. Ya decía yo...Ahora entiendo. Entonces tú eres el nieto de la Señá Antonia. ¿Sabes?
A.- No, dígame usted.
M.- Que la Señá A. En otro tiempo fue pariente mía, y tú fuiste mi hijo.
A.- ¡No!
M.- Sí, así sentía yo que algo me faltaba, que faltaba alguien por venir. Ahora está to completo.
A.- ¿Y entonces, la niña?
M.- Acerca el oido. La niña, como tú la llamas fue en un tiempo tu hermana gemela. En otra época era hombre y tú mujer, y era tu esposo. Y en la última , al revés.
A.- ¡Recontra! ¡Ya decía yo que la sentía tan cerca! ¿Y, entonces, a partir de ahora?
M.- No hijo, no lo sé, y aunque lo supiera, no lo podría decir, de lo alto nos dicen que no debemos descubrirlo.
A.- ¿Y qué le parece esta tristeza de la niña?
M.- Es normal, hijo, es normal. Tantos años juntas que el vacío es grande. Pasará un tiempo y todo volverá a su sitio. Todavía le falta un poco para comprender con los ojos del alma. Cuando lo comprenda me sentirá a su alrededor y verá que no la dejo de la mano, pero falta aún un poco...Con una sonrisa en el corazón bastaría.
A.- Usted no se preocupe, que yo se lo digo.
M.- Gracias, hijo, gracias. Quiérela mucho, que ahora lo necesita, y mucho. Ay, ya se me acaba el tiempo. Ciau, ciau.
A.- Ciau, Doña Merche. Abríguese que el viaje es largo, y recuerdos a los parientes.
M.- De tu parte, de tu parte.
Así se desarrolló el diálogo entre el visitante y el espíritu de Doña Merche ante el panteón familiar en el cementerio de la sierra almeriense.

sábado, 12 de mayo de 2018

LA CAIDA


El sol resplandecía como hacía tiempo no lo había hecho. Después de un mes de abril bastante loco, climatológicamente hablando, parecía que mayo, mes de la belleza bruja, seductora, de las muchachas en flor, había estabilizado los nervios irascibles de los dioses temporales. Hacía calor incluso a las nueve de la mañana.
Sentado, albricias, en dirección al trabajo, se dejaba mecer por el vaiven del vagón. Una seductora y magnífica invitación al sueño. La noche anterior, sea porque la comida tuviera algún punto que hiriera el estómago, fuera porque en algún escondrijo del alma hubiera alguna cuestión a solucionar que no había florecido al consciente, lo cierto era que el sueño había sido poco reparador o al menos no tanto como hubiera deseado o sido necesario.
Con los ojos, no sabía muy bien si medio cerrados o medio abiertos, la verdad es que sus compañeros de vagón no parecían estar mejor, sentía que el mes de mayo era el mes de la inestabilidad del sueño.
El tren, camino de una de las mayores zonas de país en cuestiones histórico-turísticas, iba lleno de mozuelas con los petates rodantes. Tal vez jóvenes que tenían unos días de asueto y querían solazarse con la historia del país , o lo mismo, en la zona también había playas, quisieran lucir sus encantos biquineadamente vestidas. No era fácil saberlo, aunque para lo segundo tal vez fuera aún pronto. Fuera del tren el vientecillo, a pesar de todo era aún fresco.
Las chicas comían, reían, cacareaban como si de un lindo grupo gallineril se tratara, lo que daba alegría al vagón en el que iban, cargado de circunspectos rostros de seres de oficina o de matronas que comían papas viudas.
Lo cierto es que entre el vaivén, la alegre algarabía y el calorcito que le recorría la espalda, se quedó dormido.
Don Quijote, en la cueva de Montesinos, según el estudiante y Sancho Panza que lo acompañaron hasta su entrada, no había estado en ella más de una hora, pero a él le parecieron tres días. Diferencias del sentir según el lugar y el ambiente.
De pronto, sintió, una hermosa damita cayó sobre sus piernas, un cierto dolor porque la forma de caida, sin preparación y dormido, no era la más adecuada para recibir aquel admirable ser digno de todo amor.
Se despertó medio asustado, ¿un terremoto? Tardó un rato en salir de su error. El hecho había acaecido, pero no sobre sus piernas, lo había echo sobre las piernas de otra de las compañeras. Esta dio un gritito de dolor que fue lo que le despertó.
Cuando se dio cuenta un leve sentimiento de tristeza le recorrió el cuerpo.
-¡Ah, si hubiera sido como en el sueño!-. Se dio cuenta que se estaba acercando a la estación en la que debía hacer cambio de tren.
-Bueno, no hay mal que por bien no venga.
La culicaida escondía el rostro entre las risas y el sentimiento de vergüenza, todo el mundo la había visto caer, pero lo cierto es que el suceso había levantado la sonrisa en una mañana cálida en todos los rostros oscuros de los viajeros del vagón.
10-5-2013