martes, 12 de junio de 2018

LA FELICIDAD FLOTABA SOBRE EL LAGO


I
No hay Luna. Señora de la noche, se esconde en las profundidades del lago. Allí la espera su amado, amante, para contarle su amor, como el viento a los árboles, como la montaña a la nieve. Porque el amor se esconde allá donde menos se piensa. Pequeñito y juguetón, como polvillo del desierto, se cuela por los poros del alma y cuando menos se piensa hace estallar los corazones. Echa y echa raices por los recovecos en los que sólo él puede entrar, se asienta y, cuando se le quiere expulsar, ya es imposible hacerlo. Se le puede disfrazar de fantasma, de desdeñoso afán de presunción, pero, transfigurado y todo, asienta sus reales en el fondo del alma, en el fondo de la laguna, de esa laguna en la que una noche se escondió la Luna y no quiso salir.
En la calle hace frío, el corazón tirita, no se sabe si de dolor o de pasión incontrolada. La noche está oscura.

II
El pescador resbaló de su barca y se cayó al lago cuando intentaba recoger las redes, pesadas, cargadas con el preciado producto conseguido con su perseverancia y esfuerzo.
Cayó, cayó y cayó. Se iba sumergiendo. Llevaba los ojos abiertos y también podía respirar. Le parecía extraño, pero era cierto.
El lago estaba en el fondo de la caldera de un volcán. Viejo como la vida mísma, acumulaba toneladas y toneladas de agua dulce.
¿De dónde procedían los peces? Misterios de la vida. Los montes todavía echaban fumaradas de azufre. A veces el viento las movía y hacían el ambiente insoportable con su pestilencia. El olor a huevos podridos se extendía por todo el valle.
A su pesar, todo alrededor era una maravilla. La belleza que se
contemplaba desde el centro del lago a la hora de pescar era indescriptible.
El pescador caía y caía. Llegó al fondo y, sin saber cómo ni por qué,
se coló por un cráter que había quedado apagado desde que el mundo es mundo.
¡Por todos los dioses del Olimpo! ¿Qué era aquello? De pronto se encontró en el epicentro de un palacio de cristal, todo adornado de perlas, corales, oro, plata y cualquier otro material precioso que imaginarse pueda.
Había un trono. En el trono se sentaba una ¿mujer? ¿Era aquello una mujer o la Belleza misma con figura femenina?
Bella hasta el punto de que la mejor descripción era el silencio. Bella hasta el punto de sentir punzadas de dolor en los ojos, en la punta del corazón. La palabra era insuficiente para describir tanta belleza.
Y no era sólo la belleza que se ve. Corazón de cristal, todos sus sentimientos podían verse como si en la palma de la mano se tuvieran cogidos. Sus sentimientos eran aún más bellos que la belleza de su figura.
El pescador abrió la boca, abrió los ojos... Las palabras se quedaban paralizadas en los labios. No podía articular sonido, pero en su corazón empezó a sentir algo cálido, indescriptible, algo que no sabía cómo definir.
¿Sería lo que la gente llamaba normalmente amor? ¿O era sólo la sorpresa ante tanta beldad? El mundo alrededor no era tan bello, era de una vulgaridad sublime comparado con lo que tenía delante.
La mujer le pidió que se acercara. Lo hizo lentamente, como con miedo. ¿Tendría que arrodillarse ante la Princesa? Sospechó que sería la Princesa de un cuento de hadas.
- No, no te arrodilles. Los Príncipes bellos y hermosos como tú no deben arrodillarse. Aquí está tu trono. Te he estado esperando por los siglos de los siglos y por fín has llegado. Esta es tu casa, éste es tu palacio. Todo está para servirte y yo sólo para amarte. Ven, acércate.
La Princesa lo besó como sólo se besa el más preciado de los niños, al más preciado de los amores. Con toda la ternura de que es capaz un corazón enamorado.
El pescador abrió los ojos. Se había quedado dormido mientras pescaba. Su prometida le había llevado la comida de mediodía y, aunque feucho, normalito y no demasiado sobresaliente en su aspecto externo, le había parecido tan hermoso que no dudó en robarle el más delicioso de los besos.
Sus sonrisas se entrecruzaron. El sol en el firmamento iluminaba un azul profundo. La felicidad flotaba sobre la brisa del lago.


III
Enamorado del lago, una y otra vez se sumergió en sus sueños en busca de la Princesa. No podía creer que todo aquello fuera cierto. Nunca había conocido un mundo de belleza tan radical. El mundo del que partía, aunque tenía momentos hermosos, no lo era en su conjunto.
Las dudas eran grandes, tenía que elegir. Destruir todo lo que había ido construyendo poco a poco y lanzarse sin pensárselo dos veces a las profundidades del lago, o negarse la beldad transparente de la laguna y aferrarse a todo lo que había sido su verdad hasta ese momento.
Conocía muchas leyendas en las que el lago siempre encerraba tesoros, ciudades, bellas mujeres, ardientes y apasionadas, esperando al amado de sus sueños. Y en cuanto alguien se había lanzado en busca del tesoro escondido, se había encontrado sólo con agua. No había más que agua, vida en la mayoría de las ocasiones, muerte en no pocas de ambiciosa locura.
Para él, tanto su prometida como la dama del lago eran verdad, de una verdad diferente, de una verdad complementaria.
Si hubiera podido unir las virtudes de una y otra en un cóctel de amor, podría tener entre sus brazos lo que el mundo denomina mujer , sueño ideal.
Ambas, para él, eran necesarias, imprescindibles, una bifurcación de realidad material y de ensueño, tan difícil de encontrar en la vida diaria.
No podía elegir.
Un día subió a la montaña. Quedaban restos de volcán, grietas por las que la lava se derramaba en ocasiones, fertilizando los campos. En una de las rajas que presentaba la tierra cabía un hombre de su tamaño. No lo dudó.
Era lo mejor que podía hacer. Mejor morir así que elegir. El moriría para que ellas vivieran.
El fuego de su corazón se fundió con el del volcán. La felicidad flotaba sobre la brisa del lago, en las fumaradas de la montaña.
Su alma, mariposa negra de los atardeceres, revoloteaba feliz, de flor en flor.
( Con San Manuel, Bueno al fondo)
ANTONIO DUQUE LARA

sábado, 2 de junio de 2018

LA LLUVIA


La lluvia recorría su cuerpo. A pesar de todas las protecciones , el agua penetraba hasta los más ocultos rincones de sus formas.
Desde el cuello, un hilo de suave lluvia, o de sudor, era difícil saber la diferencia, iba hacia abajo, cruzaba la espalda y llegaba a los intersticios de los glúteos, para perderse en las profundidades del cuerpo. No era en absoluto una sensación desagradable.
Recibía la caricia del agua recorriendo su columna como si de unos dedos amados se trataran. Era la enervación que llegaba hacia el interior buscando otros centros.
Desde el rostro, de maquillaje inalterable, el agua sudorosa descendía por los pómulos y se concentraba a la altura de la garganta, mano seductora acariciando la respiración de la amada.
Las aletas de la nariz comenzaban a mostrar una aceleración en su actividad. El agua recorría, descendía por las laderas del pomoroso cuerpo, y por el valle entre montañas. La yema de los dedos acariciaba y se dejaba llevar.
Se le concentró un alto grado de placer. Agarró el paraguas como si estuviera agarrando una zanahoria apetitosa. Quería morderla, sacarle el zumo que tanto le gustaba y tanta vitalidad le daba.
Deleitándose en su sabor, el agua recorrió el pecho y llegó al ombligo. Placer de dioses y seguía corriendo cuesta abajo.
Terminó aproximándose al bosque que precedía las puertas del alma. Los interiores estaban húmedos, secrecciones de su más profundo ser invadían la oscuridad. El agua llegó hasta ellas. Una explosión de placer contrajo el rostro. Después cayó en un profundo sopor y se quedó dormida.

22-6-2012

martes, 22 de mayo de 2018

PANTEON


A.- ¡Doña M.? ¿Cómo está usted?
M.- Mira hijo, aquí, que he venido para verte.
A.- Muy amable de su parte.¿Hasta dónde ha ido?
M.- ¿Conoces las Cabrillas?
A.- Sí, he oido hablar de ellas, aunque yo en astronomía estoy como pez fuera del agua.
M.- No me extraña, aquí al final no se enseña lo que se debiera.
A.- ¿Y cómo le va por esos mundos?
M.- Uy, qué bien, muy bien. Estaba ya un poco muerma con eso de no poder hablar.
A.- Muchas mujeres, si no hablan se sienten mal.
M.- Y que lo digas. Y yo que era maestra. Aunque me cansaba, cuando cogía carrerilla, como decían mis parientes, no me paraba hasta llegar a la Luna.
A.- Vamos, una pilluela parlanchina. ¿Cómo se está por ahí arriba?
M.- Muy bien, se puede hablar,se puede vivir sin comer...
A.- ¿Ehhhhh? ¡Qué aburrido, no?
M.- No, no, hijo, no. ¿Tu sabes los conflictos que trae el papeo?
A.- Sí, desgraciadamente. Decía mi abuela que todas las guerras las traia la comida. Y creo que tenía buena parte de razón.
M.- Así es. Allí no existen esas cuestiones. Podemos ver a quien queramos y dejar de ver a quien no nos apetezca. Seguimos un tiempo con el mismo cuerpo, buena figura, cada cual en la época que le tocó vivir. Es de lo más divertido. ¿Y cómo se llamaba tu abuela?
A.- A.R.T
M.- Anda, mi madre, pero si vive al lado de mi casa. Ya decía yo...Ahora entiendo. Entonces tú eres el nieto de la Señá Antonia. ¿Sabes?
A.- No, dígame usted.
M.- Que la Señá A. En otro tiempo fue pariente mía, y tú fuiste mi hijo.
A.- ¡No!
M.- Sí, así sentía yo que algo me faltaba, que faltaba alguien por venir. Ahora está to completo.
A.- ¿Y entonces, la niña?
M.- Acerca el oido. La niña, como tú la llamas fue en un tiempo tu hermana gemela. En otra época era hombre y tú mujer, y era tu esposo. Y en la última , al revés.
A.- ¡Recontra! ¡Ya decía yo que la sentía tan cerca! ¿Y, entonces, a partir de ahora?
M.- No hijo, no lo sé, y aunque lo supiera, no lo podría decir, de lo alto nos dicen que no debemos descubrirlo.
A.- ¿Y qué le parece esta tristeza de la niña?
M.- Es normal, hijo, es normal. Tantos años juntas que el vacío es grande. Pasará un tiempo y todo volverá a su sitio. Todavía le falta un poco para comprender con los ojos del alma. Cuando lo comprenda me sentirá a su alrededor y verá que no la dejo de la mano, pero falta aún un poco...Con una sonrisa en el corazón bastaría.
A.- Usted no se preocupe, que yo se lo digo.
M.- Gracias, hijo, gracias. Quiérela mucho, que ahora lo necesita, y mucho. Ay, ya se me acaba el tiempo. Ciau, ciau.
A.- Ciau, Doña Merche. Abríguese que el viaje es largo, y recuerdos a los parientes.
M.- De tu parte, de tu parte.
Así se desarrolló el diálogo entre el visitante y el espíritu de Doña Merche ante el panteón familiar en el cementerio de la sierra almeriense.

sábado, 12 de mayo de 2018

LA CAIDA


El sol resplandecía como hacía tiempo no lo había hecho. Después de un mes de abril bastante loco, climatológicamente hablando, parecía que mayo, mes de la belleza bruja, seductora, de las muchachas en flor, había estabilizado los nervios irascibles de los dioses temporales. Hacía calor incluso a las nueve de la mañana.
Sentado, albricias, en dirección al trabajo, se dejaba mecer por el vaiven del vagón. Una seductora y magnífica invitación al sueño. La noche anterior, sea porque la comida tuviera algún punto que hiriera el estómago, fuera porque en algún escondrijo del alma hubiera alguna cuestión a solucionar que no había florecido al consciente, lo cierto era que el sueño había sido poco reparador o al menos no tanto como hubiera deseado o sido necesario.
Con los ojos, no sabía muy bien si medio cerrados o medio abiertos, la verdad es que sus compañeros de vagón no parecían estar mejor, sentía que el mes de mayo era el mes de la inestabilidad del sueño.
El tren, camino de una de las mayores zonas de país en cuestiones histórico-turísticas, iba lleno de mozuelas con los petates rodantes. Tal vez jóvenes que tenían unos días de asueto y querían solazarse con la historia del país , o lo mismo, en la zona también había playas, quisieran lucir sus encantos biquineadamente vestidas. No era fácil saberlo, aunque para lo segundo tal vez fuera aún pronto. Fuera del tren el vientecillo, a pesar de todo era aún fresco.
Las chicas comían, reían, cacareaban como si de un lindo grupo gallineril se tratara, lo que daba alegría al vagón en el que iban, cargado de circunspectos rostros de seres de oficina o de matronas que comían papas viudas.
Lo cierto es que entre el vaivén, la alegre algarabía y el calorcito que le recorría la espalda, se quedó dormido.
Don Quijote, en la cueva de Montesinos, según el estudiante y Sancho Panza que lo acompañaron hasta su entrada, no había estado en ella más de una hora, pero a él le parecieron tres días. Diferencias del sentir según el lugar y el ambiente.
De pronto, sintió, una hermosa damita cayó sobre sus piernas, un cierto dolor porque la forma de caida, sin preparación y dormido, no era la más adecuada para recibir aquel admirable ser digno de todo amor.
Se despertó medio asustado, ¿un terremoto? Tardó un rato en salir de su error. El hecho había acaecido, pero no sobre sus piernas, lo había echo sobre las piernas de otra de las compañeras. Esta dio un gritito de dolor que fue lo que le despertó.
Cuando se dio cuenta un leve sentimiento de tristeza le recorrió el cuerpo.
-¡Ah, si hubiera sido como en el sueño!-. Se dio cuenta que se estaba acercando a la estación en la que debía hacer cambio de tren.
-Bueno, no hay mal que por bien no venga.
La culicaida escondía el rostro entre las risas y el sentimiento de vergüenza, todo el mundo la había visto caer, pero lo cierto es que el suceso había levantado la sonrisa en una mañana cálida en todos los rostros oscuros de los viajeros del vagón.
10-5-2013

miércoles, 2 de mayo de 2018

LA BOLSA


Comenzó la lluvia. El tifón, el huracán, el monzón o la tormenta provocada por la baja presión, empezó a hacer de las suyas.
La casa estaba expuesta prácticamente a los cuatro vientos. Por una parte, la ancha, totalmente desnuda de protección. Por la de Poniente también. Las otras tenían a cada lado una casa que hacía que el agua o el viento se encajonaran. Los cristales de las ventanas eran dobles, pero por si las moscas, se bajaron las persianas metálicas, aunque en la segunda planta se dejaron tal cual.
Subió a la segunda planta. Los cristales, por la parte de fuera, no recordaba que hubieran sido limpiados nunca, por lo que, normalmente, tenían un aspecto más bien sucio. Pero en ese momento, gracias a la furia del viento y la lluvia, no se veía una mota de polvo en ellos. Si bien la lluvia tenía aspectos fastidiosos, otros se podían considerar como salvadores de la pereza.
Recordaba aquél fatídico once de marzo. Evidentemente no era exactamente igual, pero alguna que otra racha de viento le hizo sentir que la casa se movía. Temía, temía más que por la vida, aunque también, porque la vivienda, aún a medio pagar quedara fastidiada de verdad, quedando él, ellos mismos de la misma manera.
Los tiempos no eran buenos, ni climática ni económicamente hablando. Cualquier descalabro financiero podía mandar al carajo toda una vida.
Normalmente, para acentuar el drama se solía decir, una vida de esfuerzo y sufrimiento. No sabía muy bien si eran las palabras adecuadas, pero pensar que todo lo que fuera rutina variable según el día y el ánimo, es decir, todo lo que fuera normalidad cotidiana, se viera truncado, no le hacía la menor gracia.
Ya era mucha la gente que se veía en esa misma situación, relativamente cerca en la distancia. Un golpe duro con el terremoto y ahora otro golpe duro con el tifón. Un doble puñetazo bien asestado en la barriga había hecho mucho daño a aquella señora que aparecía en televisión intentando sonreir y con el perrito en brazos: “Ya no tenemos ningún sitio en el que refugiarnos.....” Y otra señalando el aspecto en el que habían quedado las casas portátiles: “Antes el terremoto. Ahora esto. Es lo que se dice un buen doblete”. Y aún había personas que ensalzablan sólo el aspecto agradable de la naturaleza.....
En cierta manera se había refugiado en aquel país huyendo de una mala situación. Y más que de una mala situación, de la tensión nerviosa que producen las malas situaciones.
En ese instante, el que más gritos daba era quien se llevaba el gato al agua. Y a él no le gustaba gritar. En última instancia el grito era hacia dentro, esperando que la histeria, la estupidez se calmara para poder recomenzar, sí, recomenzar, comenzar de nuevo.
Al fin y al cabo la vida es Sisifo subiendo y cayendo, es el agua, la tierra arrastrada, moviéndose y rehaciéndose todos los días.
No iba con él el grito, salvo en ocasiones, ya animalescas, como aquella en la que un rebaño de cabras y cabros quería meterse en un sitio en el que ya no cabía un alfiler. Habían sido pocas, pero algunas. Le molestaba el público que hacía P.R. El movimiento se demuestra andando, se decía, pero había muchos energúmenos que lo único que esperaban era que los otros les sacaran las castañas del fuego.
El tifón rugía sobre la casa, el viento, el agua, todo al mismo tiempo. El país, porque el tifón estaba barriendo todo el país, iba a quedar enlodado, y la gente iba a tener que meterse bajo el barro para sobrevivir.
De pronto se sonrió. El Presidente del Gobierno, en su discurso de promoción, se había presentado como ese pez que está enterrado en el barro, que no tiene aspecto bonito, pero que es fuerte y persistente. Según los diccionarios se llama lacha. Es decir, el trabajo contínuo desde la pobreza. El Presidente del Gobierno parecía estar llamando a la igualdad en la pobreza.
Eso le sonaba, le sonaba demasiado. Por una parte el comunismo imperante en la mitad del planeta había ido empobreciendo al pueblo y ennobleciendo a la élite, y cuidado con salirse de la norma. El mundo islámico era solidario en la pobreza también, pero no dejaban de gobernar lo que eran jeques o jefes de tribu con todas sus atribuciones o atributos colgantes. Alá los había puesto allí para gobernar al pueblo. En la llamada Edad Media cristiana, cuando el Papa de Roma y sus ladrones virtuosos campaban por sus respetos, el poquita cosa de Francisco apareció en sus huestes mendicantes: “Es bueno para nosotros que hombres tan humildes existan”. Cristo les había dicho a sus discípulos que era más fácil que un camello entrara por el agujero de una aguja que un rico entrara en el reino de los cielos. ¿Dijo eso Cristo, o era una tergiversación más del Evangelio por parte de la Iglesia Católica Apostólica y Romana?
Todos la misma idea, todos hermanos en la miseria, pero ninguno quería bajarse de la rueda del poder. Y el que tiene poder, claro, tiene privilegios.
Curiosamente, lo único que seguía impertérrito era la televisión. Monotemática, como son todas las televisiones estatales del mundo. Para eso era pagada por todos, para que el Gran Hermano dijera a cada instante cuántos litros iban a llorar los cielos a cada instante y en cada lugar. El poder de indecisión del teleespectador hacía que fuera la gran pantalla la que decidiera por la persona. Era el gran adelanto de los últimos tiempos, sin duda.Los apagones de luces de los trenes darían a la larga una generación aún más desganada hacia la lectura. Y en el futuro seguro que se preguntaría a los grandes personajes del país: “¿Puede usted decirnos en dónde adquirió esa gran ignorancia?” “Bueno, es de todos conocido aquel annus horribilis de 2011 en el que como medida preventiva hacia el excesivo conocimiento, hacia el excesivo uso de la vista en el tren, se consideró muy oportuno apagar las luces para que la gente no leyera. De allí nació esta brillante generación en la ignorancia que ahora nos gobierna.
El señor NO PUEDO, era un gran hombre, sí podía hundir al país y su continuador, como todo el mundo sabe era muy tacaño, No Da nada, lo que hizo crecer fértílmente la ignorancia y la decadencia del país. ¡Qué época tan buena era aquella!”.
La lluvia le hacía ver que no vendría nadie a solventarles los problemas económicos, a no ser que se acogieran a los programas de reprogramación ideológica votacional y terminaran por votar a los grandes hombres del momento.
Mientras se encontraba en tales elucubraciones, el viento y la lluvia parecían haber amainado, aunque en otros lugares seguían con su labor destructora.
Hacía tiempo que no pasaba un tifón tan fuerte por encima de su cabeza. El tifón ,cabeza loca, se desviaba hacia un sitio o hacia otro, pero esta vez sí , esta vez por encima total. ¿Cuántos muertos habría dejado? ¿Cuánta destrucción a su paso?
Se asomó a la ventana y vio que ya no llovía. Era el momento de salir a la calle. Si no salía a respirar el aire, aunque fuera húmedo, el estrés se apoderaría de él y acabaría chillándole hasta al gato que no tenía.
Salió hacia la calle ancha y se dirigió hacia la estación. Era el lugar en que se concentrabanlas tiendas y los pocos comercios generales de la ciudad. En definitiva, era el lugar más concurrido.
De pronto vio venir volando una bolsa de plástico. Parecía pesada porque parecía como un paracaidas ocupado por alguien hermoso. Cayó a unos cincuenta centímetros delante de él. ¡Plaf! El golpe fue ruidoso. Estaba tan cerca que se veía claramente que tenía algo dentro.
Si no había estallado era porque no se trataba de una bomba. No, no es una bomba, pensó. La abrió un poco. ¡Rediós! Un buen mazacote de billetes se encontraba dentro de la bolsa. La cogió y volvió a casa despacio pero impaciente por averiguar que era aquello. ¿Cuántos millones? Ni lo sabía. Sacó los billetes, los fue contando y los fue colocando en una caja vacía y seca. Cuando terminó de contar el dinero sonó el reloj despertador.

domingo, 22 de abril de 2018

PROMESA


PROMESA

Sonó el teléfono.
-Hola.
-Hola, Azahar.
-¿Eh? ¿Cómo sabes que soy yo? Después de tanto tiempo de despedida de entre los vivos...
-El eco de tu voz, cielo.
-El eco de mi voz... ¿Cuántos años hace que no hablamos, 30, 40?
-¿Qué son cuarenta años en el mar del tiempo? Tú no eres la material Azahar, pero eres su alma.
-Entonces, ¿crees que hay algo más allá de la frontera?
-Si todo se desintegra, ¿cómo podríamos estar aquí hablando?, ¿me lo puedes explicar? Leía hace poco un artículo en el que decía que en el antiguo palacio arzobispal de Córdoba, después hospital de agudos, los bedeles nocturnos tienen extrañas experiencias.
- ¿Y eso?
-Ruidos nocturnos, cosas que se mueven cuando no hay nadie. Existe un problema. Hemos pasado de la obligación irracional de tener que creer por imperativo categórico legal , no sé si se dice así, a la necesidad imperativa de decir que no creemos en nada, ni en las personas que nos rodean, ni en si hay algo más allá de la frontera. Te fuiste y esperé a qué aparecieras para que me explicaras cómo era aquello.
- Oh, mi amor, eres increible.
-No, soy un fino poeta, ja,ja,ja. Permíteme que me piropée yo mismo, ya que desde tu partida nadie me lo ha dicho, y a veces es necesario.
-Tienes todos los permisos, cariño. Un beso.
La transparente esencia de Azahar y la todavía carnosa de él se besaron con la mayor dulzura, con la mayor ternura. Nunca hubiera beso igual.
-¿Has escrito algo últimamente?
-No, no he escrito nada que merezca la pena, pero hay dos poemas que, al margen de los de San Juan de la Cruz, me embriagan más que las mujeres hermosas y más que el néctar de los dioses.
-Idiota, y lo dices estando yo delante.
-Ja,ja,ja... Hasta en espíritu sigues siendo celosilla ¿eh? Es una metáfora, corazón.
-Ya lo sé, zoquete. No cambias, ¿eh?
-¿Hay que cambiar?
- En absoluto es necesario hacerlo. Pero leémelos ya que me queda poco tiempo.
-Allá van. Uno es de Ibn Hazm. Debe estar en su libro El Collar de la Paloma. El otro es de Don Francisco de Quevedo. Escucha.

ENTRAÑAS

Quisiera abrir mi corazón con un cuchillo,
meterte dentro de él
y luego volver acerrar mi pecho.
Para que moraras siempre en él
y no habitaras en ningún otro
hasta el día del Juicio.
Para que vivieras en él
y a mi muerte
estuvieras dentro de mi alma
en la oscuridad de la tumba.

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo será, más polvo enamorado.

-Por todos los dioses, esto es para morirse de placer.
-Ah, ¿pero los espíritus se mueren?
- No cambias, no cambias, no cambias, eres más único que el vino Unico de Vega Sicilia, por eso te quiero, tesoro.
-Gracias, hermosa. Oye, ¿cuándo nos volveremos a ver?
-No lo sé, no pienso dejar de venir. Además, en la próxima reencarnación me has prometido unirte a mí, ¿recuerdas?
-Recuerdo, recuerdo. Besos dulces como la miel
El espíritu de Azahar, todo sonrisa, fue desapareciendo de delante del hombre. El corazón masculino era todo luz y alegría. Una suave sonrisa asomó a sus labios mientras sus ojos veían el mundo completamente iluminado.

jueves, 12 de abril de 2018

HOSPITAL


Difícil resumir lo que está pasando por la cantidad de aspectos existentes y por la rapidez con que ocurren.
Se habla de la comida, de las horas de sueño, de la tranquilidad etc. etc. Algo que es verdad, está muy bien. Pero que pertenece a las sociedades pequeñas de todo al alcance de los pies, de tiempo lento y no a monstruos como Tokyo en donde el buen funcionamiento de los trenes permite el desplazamiento, salvo en caso de “accidentente”. ¿Cómo conjugar todas las cosas?
Tensión alta producida por mil cosas. La medicina diciendo las mismas cosas de hace mil años, sin tener en cuenta ni el cambio de ambiente, ni el carácter particular de cada ser. Si tuvieran en cuenta eso sólo los que flotan en dinero podrían tener el médico adecuado. El resto, en principio sometidos a la actuación de manual, sólo palabras, pero así vamos avanzando.
Septiembre 2014, llegar a la universidad y paralización parcial de la parte izquierda. Desde la cabeza hasta los pies. Sentía el rostro, el labio, la lengua...mal. El médico al que voy siempre una pastillas con más daño que bien. La parte izquierda de la cabeza, del cuello, como acartonada. Tensión en el cuello y dolor de hombro en la izquierda. Vamos tirando. “28 de marzo de 2015” Termina la clase y el cuerpo se inclina hacia la izquierda. Hasta llegar a casa fue tremendo. El cuerpo se inclina, arrastrando la pierna izquierda, caida de baba increible porque durante meses la boca siempre estaba más que seca. Cualquier cosa, por leve que fuera se caía de las manos. Debía tener mala cara porque alguien me dejó el asiento en el tren y me recogía las cosas caidas.
Llegada a casa. Descanso y un poco de mejoramiento. A partir del domingo el dolor de la cabeza y del hombro había desaparecido. Sorpresa. Formalmente mejor y poco a poco recuperación de la fuerza. Ciertamente a veces tiraba hacia la izquierda al caminar pero no había dolor. Al darme cuenta intentaba tirar hacia la derecha.
Una semana de dudas sobre a quien consultar, lo que ya indica algo el aire de desconfianza en una medicina generalizada y despersonalizada . Al final, una enfermera de H.S. presentó a una médico de H.S. (Sé que está admitido el término médica pero según la edad de la persona que lo pronuncia cuesta trabajo, además el artículo la no quita referencia, ni minusvalora a nadie. Lenguaje y personalidad y tiempo....) Nishishinjuku, radiología del cerebro etc. Tensión a 206. Ir directamente a Tachikawa para hacer un escaneo del cerebro. Un martirio llamado M.I.R. El ruido, el estar 20 minutos en un lugar sin salida.... Pánico. Lo pude superar. Sí, no pasa nada pero que te lo diga alguien que no lo va a pasar es como pegarte, hablando mal y pronto, una patada en los cojones. Resultado, lleven esto rápidamente a la médico y hagan lo que les diga. Se hizo así y fue ver las radiografías: ¡Ya, ingreso inmediato en el TOKYO METROPOLITAN TAMA MEDICAL GENERAL CENTER! o algo así....Hospital general metrropolitano de Tama(gawa), el más cercano a casa. ¿Ir? En ambulancia. Rápido a urgencias. ¿Qué está pasando? Puedo hablar , puedo andar y un trato como a un imbécil inútil, primera impresión, de manual.
Todo el mundo ha escuchado algo, pero desplazado en las fechas de mi memoria y manipulando, quiero pensar que sin intención lo que yo he dicho. Dudas. ¿Esta gente escucha? En fin.....
Deseos de orinar, no, tiene que venir el médico y se debe hacer con KUDA, tubo introducido en la uretra, y no sé cuantos de un catéter. De manual.
Me desnudan, en medio de un montón de hembras y hembros (Señora Ministra, pienso en usted), afeitan el vello cerca de las ingles, me sentía tranquilo, pero, sin duda con un poco de reparo. El tubo en la uretra hasta llegar a la vejiga del orín y un catéter desde la ingle al cerebro. ¿Para qué? Aún no lo sé? Y a la habitación. No se puede mover la pierna derecha hasta las 10 de la noche, eran las 4 más o menos de la tarde.
Por la mente me pasó de todo. Al lado dos habitaciones separadas por cortinas, hombres mayores. Cómoda pero incómoda por la siuación del
cuerpo.
Hay que decirlo, cuando se tiende a pensar en negativo, todo se ve negro.No quiero hablar de Demonios, pero sí se veían sombras negras ¿Serían las sombras de los fallecidos en la habitación? Estado total de inestabilidad emocional y el cuerpo no se puede, o se debe mover. Curiosidad hacia lo positivo: A partir de cierto momento , al recordar una imagen que se dice representa la figura de Buda reencarnado tranquilidad total. De pronto, todo irá bien , era el pensamiento. Las enfermeras traían todo lo necesario, especialmente agua. Realmente amables, pero ese día 24 horas sin comer.... A partir de las 10 de la noche se podía mover un poco el cuerpo y buscar la posición más cómoda. Un poco mejor pero toda la noche sin dormir.....¡Qué noche más larga!
Al pensar en el orín: A través del tubo sale de manera inesperada. Es cómodo pero al mismo tiempo la mente no hecha a tal circunstancia siente que es una pérdida de la dignidad. Ciertamente el orín pasaba a una bolsa pero al intentar expulsarlo voluntariamente dolía la uretra. Situación más contradictoria y dura.....
A la mañana siguiente comida, era ligera pero no entra. Sueño, cansancio, comida que no entra, bajada de tensión en gran grado. Se puede deducir por los comentarios posteriores que se habían pasado en el tratamiento intentando bajar la tensión.... A una habitación con las gotas, se supone que suero pegado al cuerpo. Para ir al servicio, para beber agua, para todo hay que llamar.¡Ah! No entendían que podía andar, por lo que es raro lo que pasa.
Normalmente cuando hay derrame cerebral se pierde la capacidad de hablar, la capacidad de caminar y yo tengo las dos. Puro extraterrestre total jajajaja. Más bien el inmovilismo hace que se acabe por no poder moverse. Los médicos sorprendidos, quizás por eso ese comportamiento normal de manual que lleva a la persona a la infancia. Tras la dulzura del lenguaje se sentía un infantilismo pronunciado
Más investigaciones y parece que ha sido más el ruido que las nueces. Otra cuestión, problema, por llamarlo de alguna manera, ¿la gente de alrededor se preocupa en verdad por el enfermo o sólo se preocupan por ellos mismos? Por supuesto no se dice claramene pero el lenguaje acaba indicando que el enfermo está produciendo problemas en el sano. En más de una ocasión me ha dado esa impresión. Información mínima a los lugares de trabajo. Las personas maduras: No te preocupes. Ponte bien, y punto. Las inmaduras muy preocupadas formalmente pero sólo eso, dejan escapar un problema creado a su imbecilidad, a su incapacidad de solucionar la situación. ¡Qué le vamos a hacer!
Exámenes, exámenes, exámenes enfermeras y enfermeros amables o trabajadoramente amables. A veces el encuentro terminaba con una chufla lingüistica: Noriko, nombre de enfermera. Ummmm mejor cambiar de nombre.¿Por qué? No rico, es decir, pobre y además de mal sabor. Jajajajaja. Clase de español añadida. Todo lo contrario RICA. O sea que cuando queda humor la cosa no es tan grave
En principio el sábado 11 afuera. Un poco de movimiento, no enfadarse, dejar pasar lo negativo, adelgazar, tomar las medicinas prescritas si no la Parca....jajaja.
La máquina humana
Como las otras
Se llena de orín
Y empieza a fallar
Hasta que para

Día 11 salida. Aguantar el tiempo de no hacer nada, ¡qué duro!, y el encadenamiento al gotero. Pedir ayuda por si acaso........, aunque sea sólo para ir al servicio y volver. Queda la duda de hasta dónde es bueno, pero también hay un realidad social. La culpabilidad total a los hospitales en caso de accidente , es decir,lavarse las manos y llevado al extremo debilitar al enfermo, escondidamente por parte de la familia amante. Jajajajaja
Cerezos en flor
Escuela primaria
El hospital

Ventanal a la ciudad
Mejor que nada
Pero....

Sendas de Oku
De tiempo antañón
Viejo poeta
Se lea donde se lea
Sabor a poesía
Matsuo Basho.