domingo, 12 de julio de 2015

Elogio de la Sombra Parte Segunda


Segunda parte

Dirigíos ahora a la estancia mas alejada, en lo mas profundo de uno de estos grandes edificios. Los tabiques móviles y los biombos dorados, emplazados en una oscuridad hasta la que luz alguna del exterior penetra en absoluto, captan el último soplo de la claridad del lejano jardín del que no se cuántas salas lo separan:¿No habéis percibido nunca sus reflejos irreales como un sueño? Esos reflejos, parecidos a los de una línea en el horizonte durante el crepúsculo, difunden en la penumbra reinante un pálido fulgor dorado, y dudo que en ningún sitio, fuera de allí, el oro pueda tener una belleza más punzante. Me ha ocurrido, al pasar delante, que me he vuelto muchisimas
veces para mirarlos de nuevo, pues a medida que la visión perpendicular deja paso a la visión lateral, la superficie del papel dorado se pone a emitir unos reflejos dulces y misteriosos; no es un destello rápido, más bien una luminosidad intermitente y pura,como la faz de un gigante que cambiara de color. A veces el empolvado de oro, que hasta ese momento no desprende más que un reflejo atenuado, como adormecido, en el precise instante en que se pasa a su lado se ilumina como con una repentina llamarada , y uno se pregunta, estupefacto, cómo se ha podido conseguir una luz tan intensa en un lugar tan sombrio.
Es por ello que he podido entender por vez primera las razones por las que los antiguos cubrían de oro las estatuas de sus BUDAS, y por qué se chapeteaban de oro las paredes de las salas donde vivían gentes de calidad. Nuestros contemporáneos,viviendo en casas iluminadas, ignoran la belleza del oro, pero nuestros antepasados, que moraban en casas oscuras, experimentaban la fascinación de tan espléndido color,conociendo también muy bien las virtudes prácticas, pues en estas casas tan avaramente iluminadas, el oro, sin duda alguna, jugaba el papel de reflector. En otros términos,el uso que se hacía del oro en láminas o en polvo no era un lujo vano, pues contribuía mediante la utilización juiciosa de sus propiedades reflectantes a dar más luz. Si se admite eso se comprenderá el extraordinario favor de que gozaba el oro. Mientras que la brillantez de la plata y de otros metales se empaña pronto, el oro, por el contrario, ilumina la penumbra interior sin, en un tiempo bastante largo , perder nada, en absoluto, de su brillantez.
Decía mas arriba que las lacas doradas con polvo de oro estaban hechas para ser vistas en un lugar oscuro; eso no es verdad sólo para las lacas, si en los tejidos antiguos se utilizaba con profusión hilos de oro y plata es evidente que era por la misma razón. ¿El mejor ejemplo no es esa estela de brocado que los monjes llevan alrededor del cuello? En nuestros días los edificios religiosos de las ciudades están constituidos por conjuntos iluminados, aptos para atraer al gentío. En ellos las estelas parecen inútilmente chillonas y no inspiran, más que raramente, respeto, las lleve el prelado más digno; pero sobre los mismos religiosos, equiparados en rango, cuando un oficio de liturgia antigua se celebra en cualquier monasterio antiguo, se está forzado a admirar la armonia que forman la piel rugosa de los viejos monjes, el destello de las lámparas ante los BUDAS y la textura de los brocados, y se mide hasta qué punto aumenta con ello la solemnidad del momento, pues, exactamente como en el caso de las lacas doradas, la mayor parte de los dibujos tornasoleados del tejido desaparece en la sombra, los hilos de oro y plata no hacen más que lanzar de tiempo en tiempo un breve reflejo.
Por la última razón, aunque es posible que yo sea el único en sentir esto,estimo que nada forma un contraste más feliz con la tez japonesa que una vestidurade N00. No es preciso decir que en muchos de estos vestidos se ha propagado el oro y la plata con profusión. Por otra parte el actor que los lleva en escena no está maquillado como el actor de KABUKI. Pero si bien la piel oscura con reflejos rojizos característica de los japoneses, ni un rostro de tinte marfil amarillento tienen ninguna particularidad atrayente, a pesar de ello, cada vez que veo una obra de N00 me siento embargado por la admiracion.    
Ciertamente, las ropas de encima, con dibujos tejidos o bordados con oro y plata son muy apropiadas, pero las capas, túnicas o vestidosde caza, verde oscuro o rojo kaki, y las ropas de mangas estrechas o los amplios pantalones de un blanco inmaculado no lo son menos. Cuando por azar el actor es un bello adolescente, la suavidad de la piel, el frescor de las mejillas, que tienen el resplandor de la juventud, realzadas con estas vestimentas, desprenden una seducción distinta de la de una piel femenina, y uno se da cuenta que era eso lo que hacía volverla cara a los grandes señores de antaño, rendidamente enamorados de la belleza de sus favoritos.
En el KABUKI el esplendor de la vestimenta, en las piezas históricas o en los intermedios coreográficos, no desmerece en nada a las del N00, y se dice generalmente que en atractivo erótico este teatro supera con mucho al N00, pero cualquiera que sea la frecuencia de asistencia a uno u otro, pienso, percibo que en realidad es todo lo contrario. Para el que no ha visto más que un poco, el erotismo del KABUKI parece indiscutible, lo mismo que su belleza. Entiendo muy bien que esto fuera antaño,pero en la actualidad, sobre los escenarios iluminados a la moda occidental, sus vivos colores zozobran irremisiblemente en la vulgaridad, cansando rápidamente.
Lo que es cierto sobre el vestido lo es también sobre el maquillaje: se puede encontrar belleza en un rostro fabricado enteramente, pero no se sentirá jamás la impresión de autenticidad que desprende la belleza sin afeites. El actor de N00, en este sentido, sale a escena con el rostro, el cuello, las manos que la naturaleza le ha dado. En tales condiciones sus rasgos no tienen más que la seducción que le corresponde por si, sin que nuestros ojos puedan ser, por nada del mundo, engañados. Es pues imposible que, en el caso de un actor de N00, su rostro desnudo, pueda engañarcomo puede hacerlo el de un actor que, en el KABUKI, interprete los papeles de mujer o de jóvenes adolescentes.
Lo que nos llama la atencion, por el contrario, es el extraordinario relieve que toma su belleza desde el instante en que se ha colocado las vestimentas galoneadasde la época guerrera, a primera vista poco apropiadas para el que tiene nuestro color de piel.
Hace poco he tenido la inmensa suerte de ver a KONGO IWAO en el papel de YANG KOUEI FEI, del N00 "El Emperador", y no he podido olvidar después la sublime belleza de sus manos entrevistas por la abertura de las mangas. Yo miraba aquellas manos, después dirigía la mirada hacia las mías propias, posadas en mis rodillas. Si aquellas manos parecían tan bellas era debido, sin duda, al delicado movimiento que las animaba, desde la muñeca hasta la punta de los dedos, también de la disposición supremamente estudiada de los mismos dedos. Una duda, sin embargo, subsistia en mí: ¿De dónde podía provenir tal destello de la piel, del que se tiene dicho que se desprende de una fuente de luminosidad interior? Pues bien, aquello no eran más que manos de un japonés normal, y de hecho, por el tinte de la piel, nada las distinguía de mis propias manos, colocadas sobre mis rodillas.
Dos veces, tres veces, comparé detenidamente las manos de KONGO con las mías, las suyas allí, ante mí, en la escena, pero por mucho que comparara eran manos muy parecidas. Y, a pesar de todo, cosa extraña, esas manos que, sobre la escena adquirían una belleza casi inquietante, sobre mis rodillas no eran más que unas manos de lo más vulgar.
Este fenomeno no está, por otra parte, restringido a KONGO. En el N00 la porción del cuerpo que el vestido deja ver al descubierto es en verdad ínfimo. Sólo el rostro, el cuello y la mano, de la muñeca al extremo de los dedos; incluso en un papel de mujer como el de YANG KOUEI FEI el actor lleva máscara, pero aún y así el tinte de esa ínfima porción de piel que se deja ver produce un efecto prodigioso.Tal efecto fue particularmente atrayente en el caso de KONGO, aunque las manos de un actor cualquiera, honestas y normales manos de japonés medio, desprenden también una seducción tal como para hacerle a uno abrir desmesuradamente los ojos de estupor, seducción que no se puede sospechar en absoluto cuando lleva una vestimenta moderna. Lo repito, no es una cualidad intrínseca exclusivamente a un actor, hermoso mancebo u hombre maduro.
Otro ejempio: es inconcebible que en la vida cotidiana los labios de un hombre normal nos atraigan; pues sobre la escena del N00, su color oscuro rojizo,su piel ligeramente húmeda, sugieren una elasticidad carnal superior a los de los labios de una mujer que se los ha pintado de rojo. Puede ser que este hecho se deba a que el actor se los humedece contínuamente de saliva para cantar, pero no puedo creer que sea la única razón. Ocurre igual con un actor joven cuyas hermosas mejillas rojas adquieren un color más fresco.
Mi experiencia personal me dice que es el efecto más nítido cuando el actor lleva una vestimenta predominantemente verde. En tal caso,la rojez ya manifiesta en un muchacho con tinte claro, resalta más aún en un actor que tiene una piel oscura, pues mientras en un muchacho de tez clara el contraste
entre su palidez y el rojo es demasiado evidente, el efecto de los colores profundos de la vestimenta es demasiado chillón. Por su parte, en un muchacho de tez más oscura,de mejillas sombreadas, el rojo resalta menos, de tal suerte que la vestimenta y el rostro se iluminan recíprocamente. Un verde sobrio y un marrón mate, dos colores neutros, se realzan uno al otro mientras que la piel del hombre amarillo gana hasta tal punto que atrae la mirada.
Puede ser que exista tal belleza creada gracias a la simple concordancia de colores, pero sin duda alguna, si el N00 llegara algun día, por desgracia, como el KABUKI, a recurrir a los medios modernos de iluminación, bajo el choque de luz tan brutal, sus virtudes estéticas desaparecerian al instante. Es pues absolutamente necesario que las escenas de N00 sean dejadas en su oscuridad original, y un edificio le convendrá más en tanto en cuanto más antiguo sea. Un escenario con suelo lustroso,de un brillante natural, con pilares y muros corredizos, con reflejos oscuros, una oscuridad que, caida desde el techo, se extienda sobre la cabeza del actor como una campana inmensa, ese es el escenario teatral más idoneo; desde este punto de vista,presentar el N00, como se ha hecho recientemente, en el ASAHI KAIKAN o en el KOKAIDO, no es en sí mismo un mal asunto, pero el N00 no hace más que perder la mitad de su auténtico sabor.

*

Bien, la oscuridad intrínseca del N00 y la belleza que genera forman un universo de sombra tan singular que en nuestros dias no se ve más que sobre el escenario,pero que antiguamente no debían ser extraños en un mismo grado a la vida real. ¿Cómo es eso? , me direis. Sencillamente porque la oscuridad que reina en el escenario no es otra que la de las moradas de aquellos tiempos. En cuanto a los dibujos y concordancia de colores de la vestimenta del N00, sí, posiblemente, son un poco más vivos que en la realidad, pero no son menos semejantes en conjunto a los que llevaban los nobles y señores de la antigüedad.
A estas alturas de mis reflexiones, intento imaginar, y es algo que me fascina,la altiva figura, comparada con la nuestra, de los japoneses de antaño, y singularmente la de los guerreros que llevaban las suntuosas vestimentas de la época de las guerras civiles o de la época de MOMOYAMA. El N00, sin duda, muestra en su punto más álgido la belleza de los hombres de nuestra raza. Que imponente y majestuosa debía ser la marcha de esos veteranos de los antíguos campos de batalla cuando, con sus rostros burilados por el viento y la lluvia, todo negros, de pomulos salientes, se vestían las capas, las ropas de aparato, los vestidos de ceremonia de semejantes colores, chorreantes de luz. Estoy persuadido de que todos los que sienten el placer de ver el N00 se deleitan, en cierta medida, con asociaciones de ideas de este tipo, y encuentran un retrospectivo placer, completamente ajeno al desenvolvimiento del actor, como si este universo escénico, profuso en colores, hubiese tenido antíguamente una existencia real.
En el lado opuesto, el escenario del KABUKI, queda hasta el final como un universo de ficción, sin referencia alguna con la belleza de nuestra tierra. Eso es cierto, evidentemente, en la interpretación de la belleza masculina, pero lo es más en lo que se refiere a la belleza femenina. Para mí es imposible imaginar que las mujeresde antes hayan sido seres parecidos a las que vemos hoy sobre el escenario. En el N00 el actor que hace el papel de mujer lleva siempre máscara, por lo que se aleja también de la realidad, pero en este punto, los interpretes de papeles femeninos en el KABUKI no dan, en absoluto, una impresión de autenticidad. La culpa de ello es debida a la iluminación demasiado cruda del escenario. En la época en que los cirios y candelabros no proporcionaban más que una mezquina claridad, esta forma de teatro, y singularmente los papeles femeninos, ¿no estaban más cerca de la verdad?
A este respecto se tiene la costumbre de decir que ya no hay, en el KABUKI,
actores especializados en papeles femeninos, de una femineidad semejante a los de antaño, pero no es del todo cierto que sean las aptitudes ni la belleza de los actores,la causa de ello. Si se hubiese emplazado a los actores de antaño sobre una escena iluminada como en la actualidad, está fuera de duda que los contornos angulosos de su silueta masculina hubiesen reventado los ojos. ¿No era, en efecto, la oscuridad lo que disimulaba tal efecto? Viendo a BAIKO, hacia el final de su vida, en el papel de 0 HARU, lo sentí de forma especialmente agudizada. Es por ello que me he dado cuenta que lo que mata la belleza del KABUKI no es sino una iluminacion inútilmente exagerada.
Un distinguido aficionado de Osaka me decía que hubo un tiempo en el que a comienzos de la epoca de MEIJI, se utilizaron lámparas de petróleo para iluminarel teatro de marionetas, BUNRAKU, y me aseguraba que era algo, infinitamente más que ahora, rico en resonancias. Hoy en día mismo, encuentro en estas marionetas una vida mas auténtica que en los papeles femeninos del KABUKI y, si imagino que,a la incierta luz de las lámparas,los muñecos debían perder la dureza característica de las rasgos que le son propios, y que los reflejos brillantes del blanco de China debían ser difuminados , me siento sobrecogido por un escalofrío al sentir lo que ganaban en flexibilidad e imaginar la embargadora belleza de los escenarios de aquellos tiempos.

*

Como se sabe, en el teatro BUNRAKU, las muñecas femeninas no son más que una cabeza y manos. La ropa es larga. suficiente para cubrir el tronco y las piernas; sobra con que los manipuladores introduzcan las manos bajo la ropa para dar la ilusión de movimiento . Creo, por mi parte, que es un procedimiento muy cercano a la verdad, pues las mujeres de antaño no tenían existencia real más que a través del cuello de sus prendas de vestir y del final de las mangas, quedando todo el resto del cuerpo sumergido en la sombra. En aquellos tiempos las mujeres de los medios superiores a la clase media no salían más que raramente, y aún así no era sino encogidas en el fondo de un palanquín, por miedo a que las pudiesen ver en la calle; así pues, no es en absoluto exagerado decir que, generalmente confinadas en las salas de sus oscuras moradas, día y noche enterradas en la oscuridad, no mostraban su existencia sino a través del rostro.
La vestimenta, por otra parte, más alegres que las de hoy día para los hombres,lo era relativamente menos para las mujeres. Las hijas y mujeres de las casas burguesas usaban también , bajo el antiguo régimen militar, colores increiblemente opacos, es decir. el vestido no era más que una parcela de la sombra, una transición entre la sombra y el rostro.
El maquillaje comprendía, entre otras cosas, el ennegrecimiento de los dientes.Se puede uno preguntar si la finalidad de esta operación no era, una vez todo el espacio oscurecido, excepto el rostro, sino meter un toque de sombra hasta en la boca. Así concebida, la belleza femenina no se encuentra en nuestros días más que en lugares muy particularizados como la casa SUMIYA de SHIMABARA. Sin embargo me es fácil representarme aproximadamente las mujeres antíguas cuando me acuerdode la silueta de mi madre, cosiendo, en los tiempos de mi infancia, al fondo de nuestra casa de NIHOMBASHI, en la escasa luz que llegaba desde el jardín. Hasta esta época,
hablo de los años 20 de MEIJI (hacia 1890), se construían aún las casas burguesas de Tokyo de tal suerte que resultaban muy oscuras, y mi madre y mis tías, todas nuestras parientes, la mayor parte, en suma, de aquella generación , tenían los dientes ennegrecidos. No guardo recuerdo de sus ropas de diario, pero cuando se vestían para salir llevaban la mayoría de las veces telas predominantemente grises y con pequeños dibujos. Mi madre era muy pequeñita, no llegaba al metro y medio, pero no era la única,era la talla normal de las mujeres de la época. Como último extremo se puede decir que eran descarnadas. De mi madre puedo ver las manos, el rostro, vagamente los
pies, pero mi memoria no conserva nada que tenga que ver con el resto de su cuerpo.
A este respecto me viene a la memoria el torso de la famosa estatua de KANNON,del CHUGUJI ¿No es un desnudo típico de la mujer japonesa de antaño? Ese pecho plano como una plancha, en el que se agarran unos senos de un espesor de papel; ese talle apenas menos espeso que el pecho, las caderas, la grupa, la espalda recta,el tronco, todo él estrecho y delgado hasta el punto de estar en desproporción con el rostro y las extremidades. Esa ausencia de espesor que más que un ser de carne evoca la tirantez de una bola de madera... ¿No es en su conjunto la estructura del cuerpo femenino de antaño? Aun hoy ocurre a veces que se encuentran mujeres de torso constituido de tal suerte entre las viejas damas de familias tradicionalistas
o entre las GEISHAS.
Ante su vista, irremediablemente, pienso en el bastón que constituye el armazón de las marionetas. En realidad el torso es un soporte destinado a recibir la vestimenta y nada más. Estas mujeres cuyo torso está también reducido al estado de soporte,estan hechas de una superposicion de capas de seda o de algodon, y si se las despoja de sus vestimentas no queda, como en las muñecas, más que un armazon ridiculamente desproporcionado. Antíguamente era algo que pasaba, pues tales mujeres vivían en la sombra y no tenían más que un rostro blanco, no habiendo, en absoluto, necesidad de que poseyeran un cuerpo. Y diciéndolo todo, para los que cantan la triunfante
belleza de la carne de la mujer moderna, deberá ser difícil imaginar la belleza fantasmagórica de aquellas mujeres.
Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es belleza auténtica. Sin embargo, como decía más arriba, nosotros, orientales, creamos belleza haciendo nacer sombras en entornos por si mismos insignificantes.
Los ramajes
ensamblados, nudosos
¡una cabaña!
desatadlos, delante
la llanura
dice el viejo poema, y nuestro pensamiento, en suma, como todo, procede de una forma análoga: yo creo que la belleza no es una substancia en si misma, sino un dibujo de sombras, que un juegos de claro oscuros produce por la yuxtaposición de substancias diversas; lo mismo que una piedra fosforescente que, en la oscuridad, emite sus rayos,pierde expuesta a la luz del sol toda su fascinación de joya preciosa, la belleza pierde su ser si se suprimen los efectos de la sombra.
En resumen, nuestros antepasados tenían a la mujer, como los objetos de laca, de oro o de nácar, por un ser inseparable de la oscuridad, y entretanto que se podía hacer se esforzaban en sepultarla en la sombra. De ahí las largas mangas,las largas rastras que velaban de sombra manos y pies, de tal suerte que la unica parte aparente, a saber, la cabeza y el cuello, tomaban un relieve embargante. Es verdad que, comparado al de las mujeres occidentales, su torso desmesurado y plano podría pasar por feo, pero de hecho nosotros olvidamos lo que no vemos. Tenemos por inexistente lo que no se puede ver en absoluto. El que quisiera a toda costa ver tal fealdad no lograría más que destruir la belleza, lo mismo que si se encasquetara una lámpara de cien bugías sobre el TOKO NO MA de un pabellón de te.

*

Pero, ¿por qué esta propensión a buscar la belleza en la oscuridad se manifiesta en los orientales con tanta fuerza exclusivamente? Occidente, también, hasta no hace demasiado tiempo, desconocía la electricidad, el petróleo, pero, por lo que yo sepa, no ha sentido, sin embargo, la tentación de deleitarse en la sombra. Desde siempre los espectros japoneses no han tenido pies; los espectros occidentales tienen, incluso,pies, pero, por el contrario, todo su cuerpo, por entero, parece traslúcido.
En cosas como éstas resulta que nuestra imaginación se mete en las tinieblas negras como la laca, atribuyendo los occidentales a sus espectros la limpidez del cristal. Los colores que nosotros amamos poseen estratificaciones de sombra, los que ellos prefieren son colores que condensan en sí todos los rayos del sol. En la plata y el cobre nosotros admiramos su patina, ellos la tienen por sucia y antihigiénica, y no se contentan sino es cuando el metal brilla a fuerza de ser bruñido. En las salas de estar evitan,en la medida que pueden, los rincones oscuros y blanquean el techo y los muros que los rodean. Incluso en los diseños de los jardines, allí donde nosotros preferimos un bosque umbroso, ellos instalan amplio y limpio cesped.
¿Dónde puede estar la clave de diferencia tan radical en los gustos? Todo bien considerado no es más que porque nosotros, los orientales, buscamos acomodarnos a los límites que nos son impuestos, porque desde siempre nos hemos contentado con nuestra situacion presente; consecuentemente no experimentamos repulsión alguna al contemplar lo que es oscuro; nos resignamos a lo inevitable. Si la luz es pobre, ¡que lo sea!, mejor, nos incrustamos con placer en las tinieblas y le descubrimos la esencia de su propia belleza.
Los occidentales, sin embargo, siempre al acecho del progreso, se agitan sin cesar en la búsqueda de un estado mejor que el presente, siempre a la busca de una claridad más viva, se han esforzado, pasando de la bugía a la lámpara de petróleo,del petroleo a la llama de gas, del gas a la claridad eléctrica, en batir el menor recodo, el último refugio de la sombra. Es posible que la causa de todo ello no sea sino una diferencia de carácter.
Querría, a pesar de todo, examinar cuáles pueden ser las repercusiones de la diferencia del color de la piel: De siempre hemos tenido una piel blanca por más noble y bella que una piel morena, pero, ¿ en qué se diferencia la blancura de un hombre de raza blanca de la blancura nuestra? Si se compara a dos personas aisladas es posible que haya japoneses más blancos que los occidentales y occidentales más oscuros que los japoneses; sin embargo su blanco y su moreno difieren por su calidad.
Permítaseme hablar de mi experiencia : yo vivía en la parte alta de Yokohama,constantemente me veía mezclado en los lugares de recreo de los miembros de la colonia extranjera; me dirigía a los restaurantes o bailes que ellos frecuentaban. Al verlos de cerca su blancura no parecía tanta como era, pero de lejos la diferencia entre ellos y los japoneses saltaba a la vista. Algunas damas japonesas llevaban vestidos de tarde que valían tanto como los de las extranjeras, y su tez era a veces má s clara que la de las otras, pero si una se mezclaba en un grupo, un simple vistazo permitia distinguirla de lejos. Me explico: por muy blanca que sea una japonesa hay sobre su blancura siempre tendido como un ligero velo.Aquellas mujeres tienen por bello, para estar a la altura de las occidentales,embadurnarse de un blanco espeso la espalda, los brazos, las axilas, en una palabra,todas las partes visibles del cuerpo, pero, con todo, no llegan a difuminar el pigmento oscuro tapizado en el fondo de su piel. Se las adivina, a pesar de todo, como se adivina una impureza en el fondo de un vaso de agua límpida cuando se la mira desde muy alto. Esuna sombra negruzca, como una mota de polvo que anidara en la horquilla de los dedos, en el contorno de la nariz, alrededor del cuello, en los huecos de la espalda. En los occidentales, por el contrario, lo mismo si el tinte está revuelto, el fondo de la piel queda siempre claro y traslúcido, sin que nunca, en ninguna parte del cuerpo, presente una sombra de aspecto dudoso. Desde lo más alto del cráneo hasta la punta de los dedos de los pies, son de una blancura fresca y sin mácula.
Cuando uno de nosotros se encuentra mezclado entre ellos, es como una mancha sobre un papel blanco, de una tinta muy diluida, que sentimos como una incongruencia, y que no es muy agradable.
Esto es, posiblemente, lo que permite explicar la sicologia de la repulsión que experimentaban no hace mucho los hombres de raza blanca hacia las gentes de color. La mancha que representa en una asamblea la presencia de, sea una o dos,personas de color, debía de incomodar en cierta forma a aquellos blancos que poseían una sensibilidad exacerbada. No sé en qué punto están las cosas ahora, pero en los tiempos de la Guerra de Secesión, en la hora en que las persecuciones contra los negros tocaban el paroxismo, el odio y menosprecio de los blancos no se limitaba sólo a los negros, se extendía también a los mestizos de negros y blancos, a los mestizos de mestizos, a los mestizos de blancos y mestizos y asi contínuamente. No tenían reposo hasta que no hubiesen batido el menor rastro de sangre negra entre ellos, que clasificaban en media, cuarta, octava, decimosexta, hasta el trigesimo tipo de sangre mezcladas.Su ojo ejercitado reparaba en la menor posibilidad de color disimulado en la piel más blanca, en gentes que, a primera vista, no se diferenciaban en nada de un blanco de pura raza, pero del que un solo ascendiente en la segunda o tercera generación había sido negro.
Tales hechos permiten comprender los motivos profundos de las relaciones que nosotros, de raza amarilla, hemos anudado con la sombra. Nadie se mete deliberadamente en una situación que le sea desfavorable; es pues muy natural que, para vestirnos,alimentarnos, alojarnos, usemos con preferencia cosas de colores atenuados, que busquemos instalarnos en un ambiente oscuro. Ciertamente nada permite creer que nuestros antepasados hubiesen tenido conciencia del velo que empañaba su piel, pues ignoraban hasta la existencia de una raza de hombres más blancos que ellos mismos, pero no puedo impedirme pensar que estas son reacciones espontáneas frente a colores que están en el origen de los gustos que nosotros conocemos.

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Nuestros antepasados, en primer lugar, delimitaron en el espacio luminoso un volumen cerrado donde construyeron un universo de sombra; después, en el fondo de la oscuridad, confinaron a la mujer, convencidos como lo estaban de que no podía existir en el mundo un ser de color más claro. Si se admite con ellos que la blancura de la piel es la suprema condición de la belleza femenina ideal, es preciso reconocer que no podían tratarla de otra forma y que era perfectamente lícito que lo hiciesen como lo hacían.
Contrariamente a los cabellos de los blancos, que son claros, los nuestros son negros; la misma naturaleza nos enseña con ello las leyes de la sombra, leyes que nuestros antepasados, inconscientemente, observaron para hacer, por un juego de contrastes, parecer blanco un rostro amarillo.
He dado más arriba mi opinión sobre el uso de ennegrecer los dientes, pero,por otra parte, las mujeres también se rasuraban las cejas. ¿No era, al fin y al cabo,un proceso más para realzar el esplendor de su rostro? Pero lo que, sobre todo, me llama la atención es el famoso "rojo de labios", azul verdoso con reflejos nacarados.
Actualmente las GEISHAS de GION incluso. apenas lo utilizan, si bien, de todas formas,no se podría entender el poder de seduccion de este "rojo" si no se le presenta bajo el incierto resplandor de los candelabros.
Intencionadamente, nuestros antepasados, aplastaban bajo tal capa verde los labios de sus mujeres. De tal suerte arrancaban todo ardor del rostro más radiante. Pensad en la sonrisa de una joven, al fulgor vacilante de un farol que, de vez en cuando, en los labios de un verde irreal de fuego fatuo, haga tililar unos dientes de laca negra: ¿Puede imaginarse un rostro más blanco? Yo al menos lo veo más blanco que el de cualquier mujer blanca, en este universo ilusorio que llevo dentro de mi cerebro.
La blancura del hombre blanco es una blancura traslucida, evidente y banal,mientras que una blancura como ésta, en cierta forma, esta desgajada del ser humano.
Es posible que una blancura asi definida no tenga ninguna existencia real. Es posible que sea un juego equivoco de sombras y luces. Lo entiendo muy bien, pero nos basta con ello, pues nos esta prohibido tener la esperanza de algo mejor.
Quisiera emplazar aquí una observación a propósito del color de la oscuridad que, normalmente, rodeaba una blancura de este tipo; no recuerdo exactamente cuando,ya hace años de ello, había conducido a un visitante venido de Tokyo a la CASA SUMIYA,de SHIMABARA, y fue allí donde percibí, una sola vez, cierta oscuridad de la que no puedo olvidar su calidad. Era una amplia sala llamada, creo, "Salón de los Pinos", destruida después por un incendio;las tinieblas que reinaban en esta estancia inmensa, apenas iluminada más que por la llama de un único candelabro, tenían una densidad de naturaleza muy distinta a las que pueden reinar en un saloncito. En el instante en que entraba en la sala, una sirvienta de edad madura, con las cejas rasuradas, con los dientes ennegrecidos, estaba arrodillada disponiendo un candelabro ante una pantalla; tras esta pantalla, que delimitaba un espacio luminoso de dos TATAMIS aproximadamente,rebotaba, como suspendida del techo, una oscuridad alta, densa y de color uniforme,sobre la que el resplandor impreciso de la llama, incapaz de rasgar el espesor rebotase como sobre un muro negro. ¿Habéis visto, los que me leéis, alguna vez " el color de las tinieblas al resplandor de una llama" ? Están hechas de una materia distinta a las de las tinieblas de la noche en un camino, y, si se puede arriesgar una comparacion,parecen hechas de corpúsculos como de ceniza tenue, en la que cada parcela resplandeciera con todos los colores del arco iris. Me pareció que iban a introducirse en mis ojos y, a pesar mío, pestañeé.
La moda actual se basa en reservados de dimensiones modestas. Se hacen de diez, ocho e incluso seis TATAMIS, y tampoco se les ilumina más que con un candelabro,por lo cual no se pueden encontrar tinieblas de aquel color; antíguamente, sin embargo,tanto los palacios como en los lugares de placer, la costumbre exigía techos altos,pasillos largos e inmensas salas de varias decenas de TATAMIS, lo que implica que en tales edificios reinaba a todas horas una tiniebla de este tipo, parecida a la de una tiniebia impenetrable. Y nuestras señoras sazonaban en tal jugo, espeso y negro en el que estaban sumergidas hasta el cuello.
Me he expresado hace poco en mis " Ensayos de la ermita a la sombra de los pinos" , pero mis contemporáneos, habituados, como lo están, a la iluminación electrica,habran olvidado, sin duda, que hayan podido existir tales tinieblas. De tal suerte,estas "tinieblas sensibles al ojo" que daban la sensación de una especie de tiniebla palpitante, provocaban facilmente alucinaciones, y en muchos casos eran más terribles que las tinieblas exteriores. Las manifestaciones de espectros o monstruos no eran,en suma, más que emanaciones de tales tinieblas, y las mujeres que vivian en su seno,
rodeadas de no sé cuántas cortinas pantalla, de biombos, de muros corredizos..., ¿no eran de la misma familia de los espectros? Envueltas en diez, veinte, capas de sombra,se les insinuaban por el menor intersticio de su habito, por el cuello, por las mangas,por los bajos de la ropa. Incluso debían a veces, a la inversa, quien sabe, desgajarse del cuerpo mismo de las mujeres, de sus bocas, de sus dientes pintados, de la punta negra de su negra cabellera, como otros tantos hilos de araña, esos hilos que escupia la maléfica ARAÑA DE TIERRA

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Si creyera en lo que decía hace unos años TAKEBAYASHI  MUSOAN, a su vueltade París, Tokyo u Osaka estarían sensiblemente mejor iluminadas que las grandes ciudadesde Europa. En Paris, en plenos Campos Eliseos, había, parece ser, aún casas iluminadas con petróleo, cuando en Japón sería preciso para encontrar esta forma de iluminación dirigirse al fondo de las montañas más alejadas. Es verdad que no hay, sin duda, otro país en el mundo, a no ser América, para entregarse a parecido derroche de luz eléctrica.
Se ha pretendido a tal propósito que esto es porque Japón buscaba en todo imitar a America. MUSOAN hablaba así hace unos años, cuatro o cinco, antes de estar en boga las señales de neón; la próxima vez que regrese su estupefacción será aún mayor ante este nuevo acrecentamiento de la iluminacion.
Otra anécdota que me contaba M. YAMAMOTO, director de la revista KAIZO: M. YAMAMOTO había acompañado no hace mucho al profesor Einstein en su viaje a Kyoto. El tren atravesaba los alrededores de ISHIYAMA cuando el profesor, que miraba el paisaje por la ventana, Le dijo:"¡Eh! Apenas se economiza aqui" Le rogó que se explicara y el profesor le señaló con el dedo un poste electrico que tenia una lámpara encendida en pleno día: "Einstein es judio, es por ello, sin duda, que se detiene en tales detalles",añadió M. YAMAMOTO a guisa de comentario. Me parece al menos verdad que, comparando,si no con America, en todo caso con Europa, Japón utiliza la iluminación eléctrica sin reparar casi en ello.
A propósito de ISH1YAMA, he aquí otra historia curiosa: Al termino de una larga cavilación sobre la elección del entorno donde iría este año para ver la “Luna de Otono”, había optado, finalmente, por el monasterio de ISHIYAMA. Pues la víspera de luna llena descubrí en un periódico una información , según la cual, para añadir al placer de los visitantes que vendrían al día siguiente por la tarde a contemplarla,se habían colocado por los bosques altavoces que difundirían una grabación de la sonata Claro de Luna. Leer esto me hizo, al instante, renunciar a mi excursión. Un altavoz es por sí mismo un azote, pero estaba persuadido que si se había hecho aquello,se había, sin duda, hecho buen compás y se había iluminado la montaña con lámparas eléctricas artísticamente repartidas para crear ambiente.
Una vez se me echó a perder, como sigue, el espectáculo de la luna llena: Un año había proyectado ir a contemplarla en barca, a mediados de mes, en el estanque del monasterio de SUMA; invité, pues a varios amigos y nos fuimos cargados de nuestras provisiones, descubriendo que se había colocado sobre todo el contorno del estanque alegres guirnaldas, con bombillas eléctricas multicolores. La luna acudió a la cita,pero como si no estuviera.
Hechos como estos demuestran a qué grado de intoxicación hemos llegado,hasta el punto de que parece que hayamos llegado a ser extrañamente inconscientes de los inconvenientes de la iluminacion abusiva. Tanto peor para los amantes del Claro de Luna..., pero en las casas de citas, los restaurantes, los hoteles, los albergues..., ¡qué derroche de luz eléctrica! Admito que, en cierta medida, sea preciso para atraer la atencion de los clientes, pero incluso así, encender la lámpara en verano, cuando aún es de dia, ¿para qué sirve sino es para agravar el calor? Vaya donde vaya en verano , esta manía me consterna.
Si hace en las estancias un calor absurdo, incluso cuando hace fresco fuera,la culpa es, diez sobre diez, de la potencia excesiva de las lámparas o del gran número de bombillas, pues,cada vez que he hecho la experiencia de apagar una parte, enseguida se ha notado la fresquedad. Es verdaderamente curioso que ni los clientes ni los patronos se hayan dado cuenta de ello. Por principio convendría aumentar en invierno un poco la iluminación y disminuirla en verano. Daría impresión de frescura y atraería menos a los insectos. Pero lo peor es encender demasiadas bombillas y, después, bajo pretexto de que hace calor, poner el ventilador. Es algo que me saca de quicio por poco que
piense en ello.
En un cuarto japonés, donde el calor se disipa lateralmente, en rigor, se puede tener, pero en la habitación de un hotel tipo occidental, donde el aire circula mal, donde el techo, los muros, el suelo, irradian desde todas partes el calor almacenado,es verdaderamente insoportable. Para citar un ejemplo, aunque me fastidia un poco,cualquiera que, una tarde de verano, haya recorrido los pasillos del HOTEL MIYAKO,de Kyoto, no puede por menos que estar de acuerdo conmigo. La cosa es tanto más irritante en cuanto que, en razón de su situación en terraza cara al norte, se tiene desde este entorno una vista panorámica maravillosa sobre el monte HIEI, el monte NYOI, las torres de los templos y el bosque de KURO DANI, así como las pendientes vecinas de las MONTAÑAS DEL ESTE, espectáculo cuya sola vista solaza el espíritu.
Pues una tarde de verano os da deseo de ir a tomar el fresco frente a paisaje tan encantador, y vais, saboreando de antemano la brisa que imagináis recorriendo todo el edificio; bien, bajo el techo blanco, tras las placas de vídrio colocadas de trecho en trecho, se balancean luces de suprema brutalidad. Y como los techos son bajos en estas construcciones recientes de estilo occidental, resultan ser como bolas de fuego que os giran alrededor del cráneo, y decir que hace calor es decir poco,pues todo el cuerpo llega a tener la misma temperatura, y os sentís tostar, la cabeza en primer lugar, después el cuello, después a lo largo de la espalda...
Y eso no es todo: Una de estas bolas sería suficiente para iluminar tan reducido espacio, pero son tres, cuatro, los ingenios mortales que brillan en el techo, y a lo largo de los muros, a lo largo de los pilares, por todos sitios se han sembrado máquinas más pequeñitas que no tienen otra utilidad que pulverizar el menor rastro de sombra refugiado en los rincones. Buscaréis en vano, en toda la pieza, la sombra más fugaz ya que la mirada no encuentra nada en el entorno, más que unos muros blancos y gruesos pilares rojos y el suelo, en fin, hechos de capas de colores vivos, que parece un mosaico, impuesto a los ojos como una litografía recientemente imprimida, siendo todo ello cosas que no hacen sino aumentar la fatigosa sensación de calor. La diferenciade temperatura es chocante cuando se viene del corredor. El aire de la noche se pierde por completo pues, de pronto, se transforma en un viento ardiente.
Aún hace poco iba gustoso a ese hotel. Tómese lo que acabo de decir como un consejo de amigo, por los buenos recuerdos que guardo de allí; no tengo por menos que suciamente escandaloso arruinar por culpa de la luz un espectáculo como ése,en el lugar mejor emplazado para gozar del fresco de una tarde de verano. Este calor es sin duda una molestia para un japonés, pero incluso para un occidental, cualquiera que sea la pasión que profese a la claridad. Hagase un experimento bien simple, redúzcase la claridad y se comprenderá enseguida.
No he hecho, por otra parte, más que citar un ejemplo entre mil ya que aquel hotel no es la única causa de mis opiniones. El único que ha evitado tales inconvenientes es el HOTEL IMPERIAL, adoptando una iluminacion indirecta, pero,incluso asi,estaría bien,creo,reducir ligeramente la intensidad en verano.
Se mire por donde se mire la iluminación actual es largamente suficiente para leer, escribir o coser, aumentarla más es puro gasto y, suprimiendo los últimos rincones de sombra, se le vuelve la espalda a todas las concepciones estéticas de la casa japonesa.
Es una alegría que se haya obligado frecuentemente, por puras razones de economía. a restringir el fluido de electricidad en las casas particulares. Por el contrario, en los establecimientos públicos, ¡qué derroche de energía eléctrica!, en los pasillos,en la entrada, con el único resultado de robar profundidad a las salas de estar, a los lavatorios, al jardin.Pase en invierno, pues calienta un poco, pero ¡en las tardes de verano!... Lo mejor sería que se refugiaran en el lugar más apartado en esa época, pues desde el momento en que bajéis al hotel encontraréis la misma calamidad que en el MIYAKO. Concluyo, con ello, que no hay más que un medio para gozar en paz del fresco: quedarse en casa, abrir lo mas posible los postigos y tenderse a la sombra,bajo el mosquitero...

*

Leía hace unos días, no sé en qué revista o periódico, un artículo consagrado a las dolencias de las viejas damas inglesas. Si bien ellas en su juventud habían estado habituadas a tratar con respeto a las personas de edad, los jóvenes de hoy las ignoran,evitan, incluso, aproximárseles, como si la vejez fuera una tara un tanto repugnante.
Ellas se lamentan, en suma, de que los jóvenes de ahora se comporten de forma distinta a los de antaño. Deduzco de ello que los viejos de todos los paises del mundo tienen las mismas conversaciones, o sea , que los hombres, en tanto en cuanto van envejeciendo se sienten inclinados a pensar quo los tiempos de antaño eran a todas luces preferidos a los de ahora. Los viejos de hace cien años regresaban a los tiempos de hace dos siglos, y los viejos de hace dos siglos suspiraban por los buenos tiempos de hace trescientos años. Nada permite pensar que algún viejo se haya declarado satisfecho del estado
de las cosas de su propio tiempo. A pesar de esta constatación,es más verdad que nunca en la hora actual, por el progreso acelerado de la cultura y, más aún, por el hecho de que las circunstancias particularísimas en que se encuentra nuestro país, ya que las transformaciones sobrevenidas tras la RESTAURACION MEIJI corresponden,por lo bajo, a la evoluclon de tres o cinco siglos de los tiempos pasados.
Lo divertido es que yo, el que os habla, he tocado una edad en la que se pone uno a imitar el hablar sentencioso de los viejos. Se puede asegurar, sin embargo,que si las conquistas modernas tienen algo para seducir a los jóvenes, una epoca se prepara, por el contrario, que será poco grata para los viejos. Estamos obligados,por ejemplo, a cruzar la calle y su encrucijada de señales, lo que hace que un viejo no ose, en absoluto, salir tranquilamente. Pase para aquellos cuya situación les permite desplazarse en coche, pero para personas como yo, el simple hecho, cuando se aventuran en Osaka, de atravesar una calle, exige una tensión nerviosa de todo su ser. Hay,ciertamente, señales luminosas, y las que se encuentran en sitios visibles en los cruces se perciben muy bien, perfectamente, pero a veces es muy difícil reparar en esos fuegos verdes y rojos que se iluminan y se apagan en el cielo de manera totalmente imprevista, en el pasaje de una calle lateral. Además, en un cruce puede ocurrir que se confunda la señal de un lado con la de enfrente. Me decía que, cuando se decida emplazar agentes de circulación en los cruces de Kyoto, será verdaderamente el fin de todo, pues ya no se puede degustar la atmósfera auténtica de las calles de puro estilo japonés, a menos que uno se dirija a ciudades de unas dimensiones como las de NISHINOMIYA, SAKAI, WAKAYAMA o FUKUYAMA.
Ocurre lo mismo en el domínio alimenticio; encontrar en una gran ciudad manjares apropiados al paladar de un viejo es una empresa de lo más agotador. Un periodista me pedía, recientemente, que evocara para él algún plato curioso y delicado. Le indiqué la receta del SUSHI con hojas de caqui, que comen los habitantes de los valles perdidos de las montañas de YOSHINO . Aprovecho, con ello, la ocasión para revelarla aquí.
Coced el arroz con SAKE, a razón de un GO de SAKE por un SHO de arroz.Verted el SAKE en el recipiente cuando el agua se ponga a hervir. Cuando el arroz esté hervido a punto , déjese enfriar completamente, después lo prensáis en bolitas entre las manos que deben estar impregnadas de sal. Las manos, en ese momento, no deben tener el menor rastro de humedad. Todo el secreto esta ahí. Prensad las bolitas sólo con la sal. Despues cortad lonjas finas de salmón salado, extended estas lonjas sobre las bolitas que envolveréis una a una en las hojas de caqui, la cara hacia dentro.
Primero habréis tomado la precaución de secar con un trapo bien seco las hojas y el salmón, a fin de extraer todo rastro de humedad. Una vez hecho esto, en una cubeta de SUSHI, o en una caja de arroz, de la que habréis secado meticulosamente el interior,disponed las bolitas de tal manera que no quede entre ellas el menor intersticio, después colocad encima una tapadera, cerrando herméticamente, sobre la que se pondra una piedra pesada, como si hubierais puesto legumbres a confitar. El SHUSHI preparado de esta guisa se puede comer al dia siguiente por la mañana, siendo ese día el de mayor sabor, aunque también podéis comerlo el segundo o tercer día. En el momento de comerlos rociadlos con vinagre en el que se haya macerado hojas de pimienta de agua.
Obtuve esta receta a través de un amigo que, durante una estancia en YOSHINO había encontrado la preparación tan sabrosa que se hizo enseñar el secreto, si bien sobra con que haya hojas de caqui y salmón para realizarlo no importa donde. No olviden que, sobre todo, todo rastro de humedad debe ser eliminado, y que el arroz debe estar completamente frío. Yo mismo lo he ensayado en mi casa y era de un efecto muy bueno. La grasa del salmón y su sal impregnan el arroz, en su punto, y no puedo describir la consistencia del pescado, que recobra elasticidad, tal como si fuera fresco.
El sabor, en absoluto, se parece al del SUSHI de Tokyo. No te encontrando otro más a mi gusto , no he comido otro en todo el verano. ¡Qué maravillosa forma de combinar el salmón salado! iCuánto admiro la ingeniosidad de estos montañeses faltos, sin embargo,de bienes materiales! Y sabiendo que existen otras especies de comidas regionales del mismo género que ésta, es preciso convenir que en el momento actual el gusto de las gentes de los pueblos es infinitamente más sólido que el de las gentes de las ciudades, y, en cierta medida, hay en ello un lujo que no podemos ni imaginar.
Es por ello que los ancianos renuncian, cada vez mas, a vivir en las grandes ciudades y se retiran al campo, pero las pequeñas ciudades de provincia, a su vez, se están abasteciendo de ramilletes de lámparas eléctricas, y de año en año se parecen más a Kyoto, lo que está lejos de tranquilizarme. Algunos pretenden que es el progreso,que no se detiene, y que el día en que los transportes se hagan por aire o bajo tierra las calles recuperaran la tranquilidad de antaño, pero estad seguros que ese día se habrá inventado algún nuevo instrumento para torturar a los viejos. En suma,se les induce a retirarse del camino, de tal suerte que no tienen otro recurso que enterrarse en su casa y cocinarse pequeños platos para acompañar el SAKE vespertino,
escuchando la radio.
Eterna chochez de viejo, pensaréis; pues bien, no, no parece que sea completamente eso: Recientemente el cronista de ASAHI en Osaka, que firma TENSEI JINGOJI ( Voz del cielo, propósitos humanos), se ensarzaba con los funcionarios de la provincia que, para constuir un camino hacia el parque de MINOO, talaban a diestro y siniestro en los bosques, nivelando las colinas. Cuando leí aquello me sentí reafirmado en mi propósito. Destruir hasta la sombra de los sotos en el fondo de las montanas, es demasiado, aparte de ser una empresa estúpida. A ese paso, bajo el pretexto de hacer accesibles los lugares famosos a las masas, se llegará progresivamente, a convertir los alrededores de Nara, Kyoto u Osaka, en espacios desnudos.Pero fuera de recriminaciones, yo soy el primero en reconocer que los beneficios de la civilización contemporánea son innumerables y que, por otra parte, los discursos no cambiarán nada. Japón esta irremisiblemente embarcado en la via de la cultura occidental y, aunque no le queda más camino que avanzar valientemente, dejando atrás a los que, como los viejos, no son capaces de seguir en la medida en que nuestra piel no cambiará de color jamás, es preciso
que nos resolvamos a soportar eternamente inconvenientes que nosotros solos somos los que los hemos de sufrir.
Para decirlo todo, mi intención al escribir lo precedente no era sino demandar si, en tal o cual dirección, por ejempio en las letras o en las artes, no subsistira algún medio de compensar los desgastes. Por mí intentaría hacer resucitar, en el dominio de la literatura al menos, ese universo de sombras que estamos a punto de disipar.
Me gustaria ensanchar la marquesina de este edificio que tiene por nombre Literatura, y oscurecer los muros, sumergir en la sombra lo que es demasiado visible y despojar el interior de todo ornamento supérfluo. No pretendo que se haga otro tanto con todas las casas, pero sería bueno, creo, que quede al menos una de este género, y , para ver que se puede hacer, bien, me voy a apagar mi lámpara eléctrica.


***

jueves, 2 de julio de 2015

BAKUNIN, HESSE, F. NIETZSCHE Y LA EDUCACION


BAKUNIN, HESSE, F. NIETZSCHE
Y LA EDUCACION

        Las líneas que siguen tienen como base una experiencia personal, pero en ningún momento, creo, se dejan de ver en ellas una proyección mucho más amplia, tanto que incluye a toda la sociedad universal. El problema es, en pocas palabras, el de la EDUCACION,en términos restringidos, y el de la relación EDUCACION-ESTADO, en términos más amplios.
        El hecho es que unos amigos que dirigen una revista en Granada me pidieron preparar una charla-coloquio sobre un tema muy concreto: “La lengua, la literatura y los valores que proponen”.
        El hecho de ser Licenciado en Filosofía y Letras, concretamente en Filología, de alguna manera, te permite estar un poco preparado en la materia. Lógamente , me hizo mucha ilusión por varias razones:
        1.- Estaba recién salido del servicio militar y esto me permitía tomar contacto, de nuevo, con una materia que me gusta.
       2.- Al mismo tiempo me servía de base para preparar algunos temas de oposiciones.
        3.- Por segunda vez iba a ponerme a desarrollar delante de un público una serie de ideas.

        Esta serie de razones y otras más, el orden no importa, eran motivo de alegría, pero esas mismas razones, en otro sentido , son motivo de reflexión profunda sobre lo que significa hoy la educación.
        El primer problema que se me planteó fue el de ser o no ser original: datos, fechas etc., erudición, en definitiva. Y llegado a este punto empiezo a ver claro algo que sin duda es espantoso. Exponer ideas propias o simple lanzamiento de datos recibidos, sin orden ni concierto, durante la época universitaria. Aunque tenía mis propias ideas, éstas se enfrentaban a la tendencia general de la época.
        Escuchemos lo que nos dice Bakunin:
        “Sobre mil hombres, apenas se encontrará uno del que se puede decir, desde un punto de vista absoluto, sino solamente relativo, que quiere
y piensa por si mismo. La inmensa mayoría de los indiviudos humanos, no solamente entre las masas ignorantes, sino también entre las clases privilegiadas, no quieren y no piensan más que lo que todo el mundo quiere y piensa a su alrededor; creen sin duda querer y pensar por si mismos, pero no hacen más que reproducir servilmente, militarmente, con modificaciones por completo imperceptibles y nulas, los pensamientos y voluntades ajenas. Ese servilismo, esa rutina, fuentes inagotables de la trivialidad, esa ausencia de rebelión en la voluntad de iniciativa, en el pensamiento de los individuos, son las causas principales de la lentitud del desenvolvimiento histórico de la humanidad.....”  (1)

        Efectivamente, estaba descubriendo, de una forma práctica, una gran contradicción: por mucho que pudiera saber, no estaba sirviendo más que a una idea emanada de unas oscuras, en principio, esferas que van dirigiendo mi vida y la de otros.
        Al mismo tiempo, relacionaba este problema con otras esferas de mi vida personal que , creo, tienen proyección social.
        Había terminado el servicio militar, durante ese tiempo pensé más de una vez en esa tópica frase que dice que el servicio militar te hace un hombre.
        Pensando en lo que sentía en ese aspecto y relacionándolo con el sentido de los ritos de iniciación de algunas culturas, llegué a la conclusión de que el servicio militar no era sino la culminación de un sistema educativo iniciado en la escuela, seguido en la familia, con unas formas peculiares de transmisión ideológica y terminado con esos meses que estás en el cuartel.
        Una anécdota al respecto: un chico voluntario, 17 años, me decía cierto día: “Yo no encuentro mucha diferencia entre esto y la escuela”(Llevábamos un mes en el cuartel)
        Esa idea, en principio un poco extraña, se vio corroborada cuando leía este texto de Herman Hesse:
        “El hombre, tal como le crea la naturaleza, es algo desconcertante, opaco y peligroso. Es un torrente que se despeña desde un monte desconocido, y una selva sin camino y sin ley. Y así como una selva tiene que ser aclarada y limpiada y reducida por la fuerza, el colegio tiene que romper, vencer y reducir por la fuerza al hombre natural; su misión es convertirle, según los principios que acepta la autoridad, en un miembro útil de la sociedad, y despertar en él las cualidades cuyo desarrollo tendrá que coronar y terminar la cuidadosa disciplina del cuartel” (2)
        Hoy por hoy la educación recibida en las escuelas, añadiendo en este momento que reescribo el texto, yo la llamaría instrucción, no educación, es programada por el Estado, o bien por las instituciones religiosas, por la Iglesia, pero a nadie se le escapa la relación Iglesia-Estado, aunque últimamente parezca que se ha debilitado. Tampoco se nos escapa la relación  Estado-Ejército, aunque no haya ya servicio militar obligatorio.
        Terminado el servicio militar tenía que ganarme el pan, en principio haciendo uso de mis estudios universitarios (Hoy, 2013, ni dos ni tres carreras universitarias sirven a tal efecto).
        Un conflicto importante que surge es el hecho de tener que competir en unas oposiciones para poder tener trabajo, ( el paro y sus derivados). Dejando a un lado esa ley de la competencia, impuesta por el Estado, cabe preguntarse:¿Que pretende el Estado con su sistema educativo? ¿Qué tipo de cultura importa y hacia dónde nos dirige?
        La cita siguiente es larga, pero no me resisto a transcribirla entera. Es del filósofo F. Nietzsche, sacada de una conferencia pronunciada en 1872:
        “En el momento actual nuestras escuelas están dominadas por dos corrientes aparentemente contrarias, pero de acción igualmente destructiva y cuyos resultados confluyen , en definitiva, por un lado la tendencia a ampliar y difundir lo más posible la cultura, y, por otro, la tendencia a restringir a restringir y debilitar la misma cultura. Por diversas razones, la cultura debe extenderse al círculo más amplio posible: esto es lo que exige la primera tendencia. En cambio la segunda exige a la propia cultura que abandone sus pretensiones más altas, más nobles y más sublimes, y se ponga al servicio de otra vida cualquiera, por ejemplo el Estado.
        Creo haber notado de dónde procede con mayor claridad la exhortación a extender y difundir lo más posible la cultura. Esa extensión va contenida en los dogmas preferidos de la economía política de esta nuestra
época. Conocimiento y cultura en la mayor cantidad posible, producción y necesidades en la mayor cantidad posible, felicidad en la mayor cantidad posible: esa es la fórmula poco más o menos. En este caso vemos que el objetivo último de la cultura es la utilidad, o, más concretamente, la ganancia, un beneficio en dinero que sea el mayor posible,
        Tomando como base esta tendencia, habría que definir la cultura como la habilidad con que se mantiene uno “ a la altura de nuestro tiempo”, con que se conocen todos los caminos que permiten enriquecerse del modo más fácil, con que se dominan todos los medios útiles al comercio entre los hombres y entre pueblos. Por eso, el auténtico problema de la cultura consistiría en educar a cuantos más hombres “corrientes” posibles en el sentido en que se llama “corriente” a una moneda. Cuanto más numerosos sean esos dichos hombres corrientes, tanto más feliz será un pueblo. Y el fin de las escuelas modernas deberá ser precisamente ese: hacer progresar a cada individuo en la medida en que la naturaleza le permite llegar a ser “corriente”, desarrollar a todos los individuos de tal modo, que a partir de sus cantidad de conocimiento y de saber obtengan la mayor cantidad posible de felicidad y de ganancia...
        A partir de la moral aquí triunfante, se necesita, indudablemente algo opuesto, es decir, una cultura rápida que capacite a los individuos deprisa para ganar dinero.... muchísimo dinero” (3)

        Los tres autores citados nos dan la medida de lo que hoy significa la cultura del Estado, y de tal manera, que, en lugar de remitir, cada vez es más intensa. Resumiendo, la cultura del Estado:
        1.- Hace reproducir al hombre los esquemas y las ideas oficiales, sin opción a la libre opinión.
        2.-Esas ideas tienen la fuerte impronta del autoritarismo, corolada por la educación militarista y religiosa.
        3.- La cultura sólo se percibe, consciente o inconscientemente como una forma de relevancia social, de medio para acumular ganancias etc.

        Ante tal situación , agravada cada día más, cabe preguntarse, ¿puede servir la educación , la escuela, la cultura , en sentido amplio, como medio de la liberación del hombre? Ese es nuestro reto.

Postdata.- Esto, con insignificantes supresiones o añadidos, escribía yo en 1980, creo recordar. En 1982 me vine a Japón. Lo tremendo fue que este tema me lo encontré de sopetón desde el primer día en este país.

Notas.- 1.- M. Bakunin: “Dios y el Estado”  Biblioteca Júcar de Política nº 24  Barcelona 1978  pg. 146
         2.- Herman Hesse: “Bajo las ruedas”, Alianza Editorial nº 95  Madrid 1980  pg. 48

        3.- F. Nietzsche : “Sobre el porvenir de nuestras escuelas”, Colección marginales   Tusquets Editor   nº54  pg 58-59




LA EDUCACION EN JAPON HOY
(OPINIONES)

        Si bien el término Educación, en su origen, es posible que estuviera carente de contenidos ideológicos de partido o secta, que careciera de muchos adyacentes de los que hoy goza, lo cierto es que en nuestros días es un término que trae de cabeza a mucha gente, porque el término en sí, ¿qué significa?
        Hoy la Educación se carga de problemas, de ideología, de partidismo, de berrinches locos y unos gastos exorbitantes, pero es hoy, quizás, cuando todo el mundo estás más perdido en cuanto a lo que debiera ser la Educación.
        En Japón, por supuesto, el problema trae de cabeza a gobernantes y gobernados, levantándose polémicas que adquieren el mayor interés. Pero como nosotros no vamos a poderlo solucionar de un plumazo, no vamos a dar soluciones, que posiblemente serían parches y nos limitaremos a hacer algo mucho más al alcance de la mano, preguntar a dos jóvenes japoneses sobre eso que todo el mundo llama Educación, y preguntarles qué pasa con el tema en Japón.
        La entrevista está grabada en una clase de español en la que teníamos por tema la Educación. Previamente leimos un texto inédito que escribí hace tiempo, titulado: “Bakunin, Hermann Hesse, Nietzche y la Educación”.

        A.- La primera pregunta que os haría...sería, bueno, ¿qué opinais sobre el texto, en general?
        I.- Sobre el primer punto, “No originalidad”: “Los hombres no tienen originalidad”. En Japón existe el mismo problema. Para entrar en la Universidad, los estudiantes de Instituto tienen que estudiar mucho. En mi caso, que quise entrar en una Universidad Nacional, tuve que estudiar demasiadas cosas, una gran cantidad de materias: Historia, Química etc..., así que no tuve, no tenía tiempo suficiente para desarrollar mi pensamiento. Es por eso que, al principio de mi vida estudiantil, no encontré lo que yo quería hacer, lo que para mí era mi sueño, no sabía lo que era. Y sólo después de salir de la Universidad y entrar en la Escuela para Graduados pude encontrar lo que para mí es mi vocación, mi oficio: El estudio de la Música Folklórica. Es posible que esto le ocurra a todos...
        A.- Muy bien, bueno, muy mal que ocurra eso, pero, en fin, ocurrió. Y tú, ¿qué opinion te merece, en general, el texto?
        Y.- Me gustaría señalar una diferencia entre Japón y España. Creo que en España la Iglesia es una fuerza poderosa, y es por eso que la Educación está dominada por la Iglesia en buena parte, pero en Japón la Iglesia no existe en realidad, y el Budismo no ha intervenido mucho en la Educación, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. En su lugar el Estado ha dominado la Educación de los japoneses. Estamos libres de la cuestión religiosa, pero el Estado domina fuertemente la Educación, sobre todo últimamente, porque ahora en Japón existe un problema, los textos. Ya que la Historia escrita por historiadores liberales está prohibida como texto oficial para la Escuela. Por el contrario, los textos escritos por historiadoses de tinte conservador-derechista, son aceptados por parte del Gobierno.
        I.- Los artículos escritos por los historiadores muy liberales son deformados...
        Y.- ... Y el contenido tiene que cambiarse.
        A.- Sinceramente yo no entendí muy bien el problema de los textos de Historia con respecto a China. Había algunas palabras... No recuerdo muy bien como era exactamente... Había “ataque” o “invasión”...
        I.- ¡Invasión!
        A.- Era cambiar estas palabras, ¿no?. Porque si se decía una palabra tenía un significado, y si se decía otra... los japoneses, como pueblo,quedaban muy mal, y el Estado no quería aceptar esa situación que, históricamente, parece fue invasión, ¿no? Porque hicieron tantas cosas malas como hicieron otras gentes cuando vinieron aquí. O sea, desgraciadamente, cuando hay una guerra, hay cosas buenas y malas y los japoneses actuaron igual. Por ejemplo, el último problema que he visto en el periódico: “ Los japoneses utilizaron gas de ... no se qué”
        I.- Sí, eso ha salido. La cuestión del gas...
        A.- Bueno, pues eso es algo horrible, una cosa tan horrible como lo que hicieron los americanos lanzando la Bomba Atómica. El problema no es que ocurriera eso, el problema es la Guerra. Entonces vamos por ahí: una educación militarista. Yo no sé como está en Japón esta cuestión. Me parece que todavía en el mundo existe una educación fuertemente militarista, aunque no sea dicho directamente....
        Y.- ... escrita...
        A.- Eso, escrita , sugerida. ¿Qué opinais sobre el asunto en el caso de Japón? ¿La educación ahora en Japón tiene algo de contenido militarista?
        I.- ¿La educación en Japón?
        Y.- ¿Ahora?
        A.- ¡Ahora!
        I.- Va aumentando el color militarista porque también va aumentando el Gasto en Defensa Nacional, y en el área de la Educación va cambiando la valoración de la posición de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Son cosas que van relacionadas.
        Y.- Hace poco leí en un periódico una encuesta pública sobre la guerra, y la mayoría decía que el Ejército Nacional es todavía muy pequeño.
        I.- Quieren que el Ejército aumente.
        Y.- No, no es eso. La mayoría quiere que el ejército se mantenga pequeño, y sólo muy poca gente desea que aumente.
        A.- Muy bien, hemos hablado un poco sobre la cuestión militarista y tal. Tal vez ahora mismo no hay una conciencia clara sobre la guerra. Tal vez existe una situación confusa. El desastre debió de ser muy grande y... el deseo de olvidar también es grande, ¿no? Pero por otra parte también hay mezcladas muchas ideas... En fin, que parece que no está muy claro. Dejando aparte esta cuestión, la primera pregunta debería haber sido, ¿cuál es vuestra opinión personal? ¿Cómo definiríais la Educación? O sea, ¿qué es o qué debería ser la Educación?
        I.- ¿Educación verdadera para mí?
        A.- Sí, tu opinión sobre la Educación. Si vemos la palabra escrita: KYOIKU, o sea, enseñar y criar. Enseñar para que esa enseñanza crezca, me parece que sería el sentido literal del Kanji. En español, por ejemplo, significa Cultivo y Dirección. Lo mismo que se cultiva la tierra u otra cosa, es una preparación para ir haciendo frente a los problemas de la vida, una preparación, yo diría espiritual. Entonces en japonés me parece que en cierta manera es igual al significado del Kanji, pero la realidad en Japón y en España es otra... El significado de la palabra y el real me parecen distintos. Bien, entonces, ¿cuál es vuestra definición de Educación?
        I.- Dar unas bases para el desarrollo personal del pensamiento. No dar las cosas demasiado mascadas. Es necesario dar a un niño las cosas y las normas necesarias para vivir, pero conforme se crece en edad es necesario que el individuo encuentre su propio sistema de valores y que se enfrente a la realidad que le rodea.
        A.- ¿Tú cómo lo definirías? ¿Igual, de otra forma, añadiendo algo a lo que él ha dicho?
        Y.- Su opinión y la mía son iguales en su mayor parte. Yo creo que la Educación consiste en sacar el propio talento del niño. Por ejemplo, si un niño quiere practicar piano, debemos permitirle practicar piano, y si otro niño quiere practicar otra cosa, pues dejarlo practicar lo que a él le guste. La Educación no debe imponer a los niños. En la Escuela hay muchas materias. Un niño quiere Historia, otro quiere otra cosa... Todos los niños no son iguales, son distintos, y debemos dejarles tiempo para desarrollar sus propias habilidades.
        A.- Más o menos, dicho de distinta forma, la idea viene a ser la misma y me parece que yo no podría decir mucho más. En última instancia, recogerlo todo y decir que debería salir de las propias inclinaciones del niño, que no es imponer, sino dirigir, y que no es decir: “Hay que hacer esto”, sino más bien preguntar, “¿Por qué haces eso? ¿Por qué quieres hacer eso?” Es una conversación contínua, porque puede ocurrir que el niño enseñe a los mayores. Normalmente en todos sitios se piensda que los niños no saben nada, que la mente la tienen en blanco...
        I.- Porque los adultos saben mucho, piensan que los niños no saben nada, esa es la cosa...
        A.- Exactamente. Entonces es una “conversación contínua con...” Yo, por ejemplo, estoy enseñando español. Bien, eres español, sabes español. No, enseñando español, aprendo español, porque lo mismo que vosotros si os poneis a enseñar japonés, aprendeis japonés. Hasta ahora habeis utilizado japonés, pero ¿por qué lo utilizais de esta o aquella forma?, ¿cuál es la razón de usar tal o cual frase?. No lo habeis pensado, lo mismo que yo no he pensado sobre el español. Eso, para mí, también es Educación. Es una conversación contínua con la ..., y ese es el cultivo, no la imposición desde arriba. Por ejemplo, en un lugar de piedras no se puede plantar nada, por mucho que quieras. Depende de los sitios, así hay que plantar. Lo mismo que si un niño no quiere aprender o no tiene capacidad para el piano, no se debe obligar a tocar el piano. Yo creo que ese es el error de la Educación actual. En Japón se ve de una forma especial el problema, pero en casi todos sitios es lo mismo.
        Bien, esa es la definición de Educación. Vamos a hablar ahora de los tipos de Educación en Japón.
        I.- ¿Cuántos tipos hay? ¡Ah...!
        A.- Yo diría que por lo menos hay tres tipos: Escuela, Familia, Trabajo. No sé si me equivoco. Tienen puntos en común, pero también tienen puntos diferentes. Bien, vamos a hablar de esos tres tipos de Educación. Primero, ¿cómo es la Educación en la Escuela? ¿Qué es lo que se hace? ¿Cuál es el sistema educativo, en general?
        Y.- Yo creo que en Japón, actualmente,hay cuatro tipos...
        A.- ¿Cuatro? ¿Cuál es el otro?
        Y.- Fuera de la Escuela existe el Yuku...
        A.- Ah, entiendo...
        I.-  Escuela Privada...
        Y.- Yuku es una escuela de otro tipo, porque los niños no trabajan en la Escuela, no estudian seriamente; en cambio, después de la Escuela van al Yuku y estudian mucho. El sistema de la Escuela Pública ahora es sólo formal, el contenido es inexitente...
         I.- Bueno, no es tanto; más o menos, eh...
        A.- Bien, un tema como es el de la Educación, que trae de cabeza al Sr. Primer Ministro, pues... En una hora no podemos definirlo todo en su más recóndito significado, así que hay que hacerlo por sus rasgos generales..., y en general el contenido..., por favor, sigue...
        Y.- Para mantener la Escuela Pública se necesita mucho dinero, y el Gobierno quiere reducir el presupuesto de la Escuela Publica para ir cambiándola por Yuku.
        A.- ¿Sí?
        Y.- Hace unos días lo leí en el periódico donde lo dijo así un profesor de la Universidad de Tokyo, una pieza importante del Gobierno actual.
        A.- Entiendo más o menos, pero no entiendo todavía muy bien cuál es la diferencia entre Yuku y Escuela Nacional. ¿Qué es el Yuku? ¿Para qué está?
        I.- Existe una situación terrible de competencia para entrar en las Universidades famosas, y es por eso que los niños aún cuando son muy ricos, dos o tres años, van al Yuku para poder entrar en una buena Escuela Primaria, para poder entrar en una buena Escuela Secundaria, para poder entrar en un buen Instituto, para poder entrar en una buena Universidad y para poder entrar en una buena Empresa.
        A.- Entonces quiere decir que la Educación del niño no es nada Tanoshí, porque va sólo dirigida a conseguir un buen trabajo.
        I.- Sí, sí, más o menos...
        A.- No es una forma divertida de estudiar. Es una meta ya fijada desde niño.
        I.- Sí, no hay otro camino. Y es por eso que como en la Escuela no se puede aprender suficiente, para poder entrar en una buena Universidad, lo único que pueden hacer es estudiar mucho fuera de la Escuela.
        A.- Es horrible, porque es un gasto doble...Ah, bueno, en el Sistema Educativo japonés supongo que hay privado y público. Pongamos, por ejemplo, hasta antes de la entrada en la Universidad ¿cómo está esto?
        I.- No, no es eso. El Yuku es otra cosa.
        A.- Eso ya entiendo que es privado. Me refiero a la Escuela Oficial. A “El Sistema Obligatorio de Educación”. ¿Cuál es más fuerte el privado o el público?
         I.- ¿Tú ibas a la Escuela Privada?
        Y.- No, a la Pública . ¿Y tú?
         I.- Pública.
        A.- ¿Cuesta dinero?
         I.- Sí, pero muy poco.
        Y.- ¿En la Escuela Privada se necesita mucho dinero?
         I.-En las grandes ciudades hay muchas Escuelas Privadas famosas, pero en el campo, en otros lugares, el mayor número es de Escuelas Públicas.
        A.- Bien. últimamente yo he visto que existen problemas entre los profesores y los niños. ¿Por qué hay violencia en la Escuela?
        I.- Hay una serie de factores interrelacionados. Antes de la 2ª Guerra Mundial, los niños fueron educados dentro del sistema familiar, más que en la Escuela. Pero después de la Guerra y según se ha ido desarrollando la economía japonesa, los padres y también las madres han tenido que trabajar. Para el rápido desarrollo económico de Japón ha sido necesario que los padres trabajen más horas, por eso los niños no tienen una imagen de aprender comportamiento, ya que están solos en la familia. Por eso las madres dicen que es en el colegio donde se les debe enseñar comportamiento, pero eso no se puede hacer porque los chicos sólo están unas horas en la Escuela.
        A.- ¡Vaya contradicción! ¿No?
          I.- Sí, es una gran contradicción.
        A.- Sinceramente, creo que no es sólo en Japón; creo que el problema, aunque en menor escala, también existe en España. Yo he oido a veces decir: “¿Eso es lo que te enseñan en la Escuela?” No queriendo decir materia o cantidad de materia, sino queriendo decir formas de comportamiento.
        I.- Eso es una cosa. Yo tengo una tía que es Directora de una Escuela Primaria en Sendai, y me dijo que los profesores actuales no tienen gran confianza en sí mismos para enseñar, y cuando termínan las clases vuelven a casa tan pronto como pueden. Por eso los estudiantes no les tienen respeto.
A.- Bien, ¿tú puedes añadir alguna cosa más?
       Y.- En principio, en la Escuela hay dos finalidades: una es conocer y estudiar muchas cosas, otra es vivir con otros niños en comunidad. Pero la primera domina sobre la segunda. El vivir con otras personas se ignora. Por eso los niños que no pueden o no quieren estudiar mucho son ignorados por el profesor, los maestros y los otros niños. Es por eso que se enfadan mucho contra el sistema mismo de la escuela y salta la violencia.
A.- Entonces yo diría que es un problema de integración social, o sea, meterse dentro del sistema comunitario en la Escuela, porque además... Pienso que es una cuestión humana ¿no? Porque el ser humano vive normalmente en sociedad, pero en este caso, en el caso de Japón existe la imagen de que todo el mundo va junto, es muy sociable. Es mucho más fuerte entonces, mucho más peligroso, porque hay otros paises donde la gente es sociable, pero, en fin, el individuo es más individual. Pero existe la imagen del japonés siempre trabajando en grupo. Bueno o malo, no sé, tiene sus ventajas y sus desventajas posiblemente. Entonces si un niño quiere pero no alcanza en cuestión de materia y espiritualmente se le olvida, es un choque terrible ¿no? La cuestión está en la competencia, la sociedad competitiva que se ha creado, tal vez. Que no es exclusiva de Japón, repito, porque por aquí, como yo había escrito: “Tener que enfrentarse con unas oposiciones para entrar en un trabajo...” En el fondo es igual. El problema es de cantidad de enfermedad, de tener un cáncer pequeñito o un cáncer que pille todo el cuerpo.
        A.-Bien, hemos hablado de Educación en la Escuela. Vamos a hablar de la Familia. ¿Cómo está hoy en día la Educación en la familia?
Y.- Mucha gente dice que la autoridad de los padres se está perdiendo poco a poco...
I.- Es una cuestión ambivalente. La autoridad paternal tiene dos caras. Una buena y otra mala. La buena, los padres ordenan y los niños aprenden que hay que respetar a los mayores. Pero por otra parte, los padres ordenan todo al niño y esto no es bueno. Lo malo es que la autoridad del padre se está perdiendo cada vez más y los niños no pueden coger la parte buena. Ese es el problema.
        A.- ¿Y la autoridad de las madres?
        Y.- Creo que las propias madres deberían ser corregidas.
        A.- ¿Por qué?
        Y.- Cuando, por ejemplo, estoy en el tren y hay un espacio libre a mi lado, muchas veces se sienta un niño cuyos zapatos me tocan. Su madre lo mira, pero no dice nada, lo ignora, se hace la desentendida de lo que está ocurriendo.
        A.- En definitiva, lo que está haciendo es no enseñar las normas básicas de comportamiento.
        Y.- Creo que las madres de más edad podrían regañar en estas situaciones.
        A.- Bien, ya no tenemos mucho tiempo. El tema es muy largo, muy complejo. Aún tendríamos que hablar de muchas cosas. Quizás otro día podríamos seguir de otra forma. Es un tema que siempre queda en el aire. En fín, muchas gracias por vuestra colaboración.
        Y-I.- Muchas gracias a ti.